miércoles, 2 de diciembre de 2015

#39 - Lo que hermana es la búsqueda

Naara Andariega
Punta Arenas, XII Región de Magallanes y Antártica Chilena, Chile.



¿Qué te acercó a la música?
Todo. En mi casa había guitarras y se escuchaba mucha música. Mi abuelo tenía una colección de discos y casetes, así que recuerdo que sonaba a veces Plácido Domingo, Nana Mouskouri y esas cosas que escuchaban los viejos. Mi tío loco escucha Black Sabbath, mi vieja Pink Floyd, Violeta Parra, Bob Marley, etcétera. Mi padrino me regaló el primer casete de mi vida, como a los siete años, era un Little Richard. Después largué en el conservatorio a estudiar violín. Siempre estuvo la música en casa, de eso no me puedo quejar. Además, mi vieja tocaba la guitarra y hacía sus canciones.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
¿En la creación? Con el violín, por supuesto. Me aburría mucho estudiar lo que me daban en el conservatorio y me obligaban a hacerlo, así que tocaba lo que se me ocurría, hacía como que lo escribía, ahh, jajá… Después, tipín doce años, aprendí a tocar guitarra, y desde ahí que hago canciones. La primera se llamó “Difunta inocencia”. El grunge fue una gran influencia pa comenzar a jugar a hacer cancioncillas.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Sí, lo primero es lo primero: jugar. Después, ir depurando el juego libre en algo más serio, rescatar frases, ideas, movimientos rítmicos, melódicos o armónicos, que puedan tener alguna coherencia que lleve ese estallido lúdico a ser obra. Una vez que se arma eso, viene la letra. Ése es otro mambo.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
No sé si el juego o la canción terminada, creo que todo el proceso involucra placer en mayor o menor medida, es lo que nos mueve.

¿De qué hablan tus canciones?
De buscar, de caminar, de procesos íntimos que compartimos todas las individualidades, de lugares mágicos, de raíz y de futuro.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Nada mucho. Pienso que cuando la obra es buena trasciende al creador, me encantaría que con el pasar de los largos años se pudieran instalar en la memoria colectiva del gran cancionero latinoamericano... Veremos, dijo el ciego.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Nunca me planteé como “ah, seré una artista copada e iluminaré el mundo con mis canciones”. No, fui muy tímida, pero la necesidad de expresar y compartir una sensibilidad me ganó. Te podría decir que no elegí, es lo que soy.

¿Cómo ves la escena musical?
Acá en capital, bastante copada en comparación a la realidad chilena. Me gusta que haya tanto y tan buen músico. Me gusta que estemos en la calle, en los bares, en los centros culturales. Me gusta que no sean competitivos, que sean generosos con sus espacios y sus públicos. Hay gente muy linda en el ambiente.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentada?
Creo que podría haber un lenguaje similar de belleza y combate en lo que hace Susy Shock. También siento que comparto búsqueda y belleza con Dafne Usorach y Naya Ledesma, dos jovencitas cantautoras muy muy buenas. Después está mi eterna hermana, con la que compartimos el amor por la poesía y las tradiciones folclóricas de Chile, que es Fabiola González “La Chinganera”. Martín Damián y Ramón Queipul son otros grosos cantautores de Comodoro Rivadavia con los que siento que podría haber similitudes a la hora de abordar temas en nuestras musicalidades.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Absolutamente todos estamos atravesados por nuestras influencias, pero sin duda hay voces propias muy interesantes. Lo que hermana es la búsqueda.

¿Un disco?
Sureño, de Martin Damián.

¿Una canción?
“Centésimas”, de Fabiola González, La Chinganera.

¿Un espacio?
Lo Natural. Un jardín, una playa, una libre expresión del individuo, sin caretas.

¿Con quién continúa la serie?
Mi preciosa y querida Naya Ledesma, cantautora argenmex →

LA MÚSICA POR SU CANCIÓN: "DÉCIMAS DEL CANTO URGENTE"

http://andarieganaara.jimdo.com/

miércoles, 25 de noviembre de 2015

#38 - Caminos de luces y sombras

Goyo Grasso (Cenizas del Alba)
Lomas de Zamora, Buenos Aires.



¿Qué te acercó a la música?
La música siempre estuvo presente, desde mi infancia. Si bien comencé a tocar la guitarra en la adolescencia, mi padre es músico y siempre en casa había música sonando de fondo. Tengo bellos recuerdos también de mi mamá, haciendo las cosas de la casa y tarareando o cantando alguna canción.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Cuando nací mis padrinos me regalaron una guitarra criolla que estuvo guardada en un ropero hasta mis dieciocho años. A esa edad tomé la guitarra y nunca más pude dejarla. En ese mismo año mi hermano Wally comienza a tocar la batería, y casi como un juego, arrancamos tocando algunas canciones del Flaco Spinetta.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Por lo general, en mis composiciones aparece primero la melodía de la canción y de ahí me sugiere una temática. 

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Son varios los momentos placenteros, desde cuando me siento a armar la canción y nace, hasta cuando me junto con la banda a armar los arreglos  musicales y vocales. 

¿De qué hablan tus canciones?
Las canciones van desde el amor y el desamor, el dolor y la felicidad, la verdad y la mentira, los distintos senderos de la vida con sus errores y virtudes, de saber disfrutar el hoy, aquí y ahora. En fin… caminos de luces y sombras.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
No sé qué espero que pase con mis canciones; lo que sé, es que tengo una necesidad de crear y decir con canciones lo que llevo dentro. Y eso me hace muy bien. Es mi cable a tierra.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Soy el compositor de las canciones, pero el proyecto lleva el nombre de Cenizas del Alba. Hace ya dieciocho años que estamos juntos, con sus variantes y sus cambios musicales, pero siempre tirando parejo con mucho amor y respeto por lo que hacemos.

¿Cómo ves la escena musical?
En escena musical encontrás de todo un poco, pero me siento muy cómodo y disfruto mucho junto con los chicos de la banda el ser independientes. Decidir cuándo y cómo hacer un disco, cómo mover la prensa y los shows de las presentaciones. Creo mucho en la autogestión. 

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Una de las cosas bellas que tiene la música es la cantidad de músicos que conocés y el intercambio, tanto en lo humano como en lo artístico, que se produce. Uno siempre está aprendiendo del otro. En el camino fueron quedando algunos de ellos y otros se van encontrando. Hoy, si bien tengo mis referentes, no me siento 100% emparentado con alguien de mi entorno. Aunque siempre estoy atento a las distintas propuestas artísticas.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Me gustan muchas  bandas y solistas, pero hoy no me siento identificado 100% por alguna de ellas. 

¿Un disco?
Un gran disco de mi entorno, es el de mi compañera Luciana Jury, La madrugada (2015). Donde tuve la inmensa satisfacción de haber no sólo participado como músico en una canción que hicimos juntos, “Me desprendes del suelo”, sino que estuve en la producción del disco. Placer de placeres.

¿Una canción?
Elegir una canción… es muy difícil. Pero ya que nombré a Luciana, podría optar por una de ella y su padre, Zuhair Jury, “Cuando el amor de aproxima”, del disco Canciones brotadas de mi raíz. Pero si hoy me fuera de viaje para nunca volver, seguramente elegiría alguna del Flaco o “Sucio y desprolijo” del maravilloso Pappo.

¿Una frase?
Frase: “…lo que te hace bien, transformará tu infierno en cielo”.

¿Un espacio?
¿Un espacio? Elijo el querido Patio del sur, en Lomas de Zamora, donde pasé mi infancia y adolescencia, donde nació Cenizas del Alba y donde hoy seguimos ensayando con la banda. Es un lugar de hermosos recuerdos y encuentros.

¿Con quién continúa la serie?
Le paso la posta a Naara Andariega →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "COMO ARBOLITO" (CENIZAS DEL ALBA)

miércoles, 18 de noviembre de 2015

#37 - Empieza a sonar a través de mis manos y explota en la voz

Luciana Jury
Tortuguitas, Buenos Aires.






¿Qué te acercó a la música?
Vengo de una familia de músicos, todos autodidactas. Vale decir que desde la panza de mi madre la música me viene acompañando.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
En reuniones familiares y con amigos de mis padres es donde comienzan mis primeras formas del canto. Luego, a los ocho años comencé con clases de guitarra por un par de años y de adulta experimenté con algunos profes de canto.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No me propongo nada a la hora de componer, dejo que fluya cuando tomo la guitarra y así van apareciendo nuevas maneras de interpretar o reinterpretar canciones de otros o canciones anónimas (que es lo que he venido interpretando estos últimos años). Puede sucederme, en la evocación, el recuerdo de canciones que me construyeron en mi infancia y me aparecen en la creación, dándoles todo mi tiempo vivido, entonces ese recuerdo se vuelve una nueva canción.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Justamente cuando me sorprendo de lo que ocurre casi como por generación espontánea. Cuando una nostalgia me abarca, tomo la guitarra y puedo traer del pasado un sonido que me acunó. Por lo general son canciones que he venido escuchando toda mi vida, más nunca ejecuté, y cuando la evocación del corazón me trae el recuerdo, del amor que me da, solita empieza a sonar a través de mis manos y explota en la voz. En cuanto a las composiciones propias, si bien no he sido lo suficientemente prolifera, me ocurre que primero aparece la música y las letras suelo parirlas con otro: mi padre, el escritor y músico Zuhair Jury, Carlos Delgado, o Goyo Grasso, mi compañero de vida.

¿De qué hablan tus canciones?
Del milagro de estar vivos, de sentir el amor en sus miles formas. Trato de que el que escuche se conmueva por estas mismas cuestiones por las que yo también me conmuevo.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Nada, que fluyan y sigan su camino libres.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
En 2011, cuando lanzo mi primer disco llamado Canciones brotadas de mi raíz. Mi necesidad de hacer este disco, que me llevó tres años de trabajo, era la de plasmar un documento identitario que reflejara mis influencias más algunas canciones propias.

¿Cómo ves la escena musical?
Este es un momento político inminente, todo está por reformularse y tengo mis intrigas. Lo que puedo decir es que hasta el momento, lo que se ha hecho en materia cultural es descollante. Ojalá continúen con lineamientos similares y que difundan cada vez más artistas nuevos, que los hay y de montones por todo el país.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentada?
Bueno me voy a referir ahora a todos los músicos con los que me he cruzado y hemos hecho algo juntos. Siento que cuando hay emparentamiento es como el amor, nos juntamos porque así lo pide el destino: Maldita huella (2008), disco a dúo con Carlos Moscardini, participación en el disco de Quique Sinesi, Cuchichiando (2010), junto al cantautor Gabo Ferro en 2014, disco dúo con Gabo Ferro.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Yo soy del conurbano bonaerense, toda mi vida viví en Tortuguitas, y siento que más allá de mis vivencias y experiencias particulares, mi música se acerca al criollismo en mi forma de cantar y el repertorio que abordo, pero también a mis influencias del rock, el tango y la cumbia, un combo difícil de comprender y que sólo se termina de digerir en la escucha de mis trabajos.

¿Un disco?
Dos: Canto y guitarra, de Atilio Reynoso; In Rainbows, de Radiohead.

¿Una canción?
“El árbol del olvido”, música de Alberto Ginastera y letra de Fernán Silva Valdés.

¿Una frase?
“Que Dios me libre de las aguas mansas, que de las bravas me encargo yo”, aprendida de mi bisabuela.

¿Un espacio?
Los desiertos de Mendoza.

¿Con quién continúa la serie?
Goyo Grasso, Cenizas del Alba →

LA MÚSICA POR SU CANCIÓN "CUANDO EL AMOR SE APROXIMA"
Letra: Zuhair Jury / Música: Luciana Jury / Arreglos: Carlos Delgado

miércoles, 11 de noviembre de 2015

#36 - La música de la llanura

Facundo Picone
Chascomús, Buenos Aires.



¿Qué te acercó a la música?
Mi casa fue siempre un lugar de amigos y familiares, la mayoría de ellos cantores y guitarreros, al igual que mi padre. No tuve que acercarme a la música porque tuve la suerte de criarme entre guitarras, cantores y poetas. A los ocho años mi padre me enseñó los primeros acordes, así empecé y nunca más me separé de la guitarra.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Cuando yo era chico no cantaba, solamente tocaba. Hacía algunos gatos, rancheras y milongas que me había enseñado Jorge Canosa, un profesor de Chascomús, con quien estudié unos años y me enseñó a leer música. Mi primera actuación fue a los nueve años en la escuela, para un día de la madre. Me acuerdo que toqué la milonga “La primavera”.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No. Todos los días agarro la guitarra y siempre estoy haciendo algo, pero no porque me lo proponga como una metodología de trabajo. Lo hago realmente cuando me siento con ganas.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Una noche cualquiera, si es en un rancho o en algún galpón mejor, un vaso de vino, amigos que disfruten de las mismas cosas que disfruto yo, y una guitarra pasando de mano en mano. Si se escapa alguna lágrima, le echás la culpa al fuego y listo.

¿De qué hablan tus canciones?
Mis canciones pretenden enaltecer la figura del gaucho, sus sentimientos y costumbres. Algunas son alegres, otras no tanto, como la vida misma. Hablan de pertenencia al hogar, al pago, del amor a una mujer, a la familia. Pretenden ser un aporte para mantener viva nuestra tradición.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Mis canciones ya emplumaron y volaron del nido, ya tienen vida propia. Yo lo único que espero es que si alguno las toma, ya sea simplemente para escucharlas o algún cantor las quiera interpretar, lo haga con el mismo sentimiento con el que yo las hice. Ya con eso me doy por bien pagado.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Si bien he cantado en dúos, tríos y he formado parte de diferentes conjuntos, yo siempre hice mis cosas como solista cantando y tocando nuestros géneros musicales de la provincia de Buenos Aires. Mi padre siempre lo hizo y tal vez de él heredé este amor por todas estas cosas.

¿Cómo vez la escena musical?
Yo creo que hay mucha gente joven y talentosa que lamentablemente no tiene la difusión que se merece, ya sea en los medios como en los festivales. He oído decir que al irse Atahualpa, por dar un ejemplo, no surgió nadie que ocupe ese lugar. Yo pregunto, ¿no habrá algún Yupanqui dando vueltas por ahí?

¿Con qué músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Yo me siento emparentado con cualquier músico, de cualquier región de nuestro país que al interpretar una canción represente un sentimiento puro y verdadero y que no sea el aplauso su única meta.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Sí, claro, y muy bien definida. Sólo basta escuchar a Atilio Reynoso o a Omar Moreno Palacios. Esa es la música de la llanura.

¿Un disco?
Canciones brotadas de mi raíz, de Luciana Jury.

¿Una canción?
El estilo “A mi morocha”, de José Razzano.

¿Una frase?
“Cuando el padre le da al hijo, ríe el hijo y ríe el padre.
Cuando el hijo le da al padre, llora el padre y llora el hijo”.

¿Un espacio?
Tengo un rancho de barro y paja, “hecho por mí, hecho por mí”, como dice la chacarera. Ese es mi lugar.

¿Con quién continúa la serie?
Ya que la nombré anteriormente, la invito a Luciana Jury →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “EL VIENTO Y LA FLOR”   

miércoles, 4 de noviembre de 2015

#35 - Viaje a caballo desde Pergamino a Cosquín

Fernando Morales
Pergamino.
   



¿Qué te acercó a la música?
Los inicios fueron de muy chico, en mi casa, en el campo siempre se escuchaba música, sobre todo folklore. Mi madre tocaba el acordeón, era profesora y fue quien me enseñó las primeras corcheas sobre el pentagrama. Pero hubo un desencadenante que me acercó más, que fue haber realizado un viaje a caballo desde Pergamino a Cosquín, en homenaje a Jorge Cafrune, junto al autor y compositor entrerriano Víctor Velázquez, en 1992, con once años. El viaje duró un mes y medio, y todo de a caballo. Después de absorber todo ese tiempo de guitarras que sonaban casi todos los días hasta el amanecer, me dije: “este es mi camino, yo quiero empuñar  una guitarra”.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Inicié con un viejo guitarrero del pueblo, don Ramón Giles, reconocido por ser una guitarra que acompañaba los cantores que llegaban a Pergamino, tanto de tango, folklore como boleros. Hice algunos años con él y después continué ya estudiando por música, y mis primeros logros fueron en los Torneos Juveniles Bonaerenses en 1994, en el rubro Solista Instrumental, llegando a la final en Mar del Plata. Desde ese momento inicié mi pequeño camino de estudio y de prepararme como esponja para absorber de los caminos y de los músicos que admiro, todo lo que el alma necesita para volcarlo después hecho copla y sonido. Así inicia el camino y no he dejado de caminarlo, más lento tal vez en ocasiones, pero sin detener la marcha.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Comienza sin dudas cuando algo me conmueve o me inquieta. Pensando en la metodología, siempre ha nacido primero la letra y luego la música. Y en muchos casos, a pesar de haberme dedicado más a la ejecución instrumental de la guitarra, la letra sale más fácil. En cambio, con la música doy muchas vueltas hasta que me convence y aún tengo muchas letras de las que no ha nacido su música.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
El momento más placentero para mí es cuando estreno una obra, con todo lo que implica un debut y pensando en el mensaje y el recibimiento de la gente. Todo nacimiento de una obra es maravilloso. El momento del nacimiento de una copla. El proceso es como el de un hijo al verlo nacer y acompañar sus primeros pasos. Después, con el tiempo deja de ser tuyo. Ya es del viento y puede volar por sí mismo. Así disfruto de esta etapa que llamaría “camino de la canción”.

¿De qué hablan tus canciones?
Mis canciones hablan fundamentalmente del paisaje, el hombre en sus personajes, del gaucho y el indio. Soy muy sensible al paisaje, de hecho soy nacido en el corazón de la pampa, pero me atrae la piedra, los ríos de aguas cristalinas, y encontré en Córdoba todo eso que necesito para encontrar mi serenidad y gestar canciones. Además, lo social cumple un rol fundamental, el trabajo, la explotación, las cuestiones ambientales y el conservacionismo. Los personajes de pueblos y parajes que encuentro durante los viajes, en el campo, metidos en el monte o viviendo frente a una plaza, llenan mis alforjas de pensamiento.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Espero escucharlas alguna vez en lugares insólitos. Que la silbe algún peón de estancia sin ni siquiera saber de quién es. Que vuelen libre, que sea la compañía en momentos de soledad, que la canción asuma el compromiso que vino a brindar, sincera y sentenciosa en algunos casos. Espero que mis canciones acerquen a quien escucha a los paisajes, transportar a ese lugar entrando a la obra, formando parte de ella.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Siempre fui solista. Si bien he conformado grupos o dúos u otras formaciones, siempre he caminado mucho más solo con mi guitarra. Creo que la razón un poco viene por haber escuchado a muchos referentes solistas, el mensaje y una guitarra. Me gusta la sensación de sentarse solo y saber que absortamente todo depende de uno mismo. Siempre me llevé bien con la soledad, me acompaña, pero el mejor momento es cuando se comparte, para eso es la música.

¿Cómo ves la escena musical?
Veo una gran producción de canciones, poemas, músicas. Estamos rodeados de grandes músicos compositores y autores muy jóvenes que vienen dejando una obra maravillosa. Y ojalá esa producción sea respaldada por quienes mucho tienen que ver en cuanto a que las canciones lleguen a todos los rincones; los medios de comunicación. Hermosa escena musical viva en nuestro querido país.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
A lo largo del camino me he encontrado con músicos que admiro y he admirado antes de conocernos o haber fertilizado la amistad. Por mencionar algunos, José Luis Aguirre, Mario Díaz, Facundo Cámpora, Sabrina Vera, Facundo Picone, Sandro Rodríguez, Mariano Medina y tantos más. Lo más hermoso, que siempre te encontrás con pedazos de poetas, en cualquier juntada de patio.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Sí, por supuesto. Soy nacido en plena pampa bonaerense, criado entre espacios donde sonaban milongas, estilos, rancheras y recitados. Luego el viento me trajo a Córdoba y sus sierras. En estos lugares he recorrido mucho el norte cordobés y allí absorbí ese folklore cordobés, criollo, bien de campo y monte, esas chacareras cortaditas con rasguido golpeadito, como Carlos Di Fulvio. En ese andar, conocí la historia de Indio Pachi, músico criollo de Cerro Colorado, que ya nos dejó en el 87, pero con una hermosa obra y el estilo inigualable del toque de un criollo.

¿Un disco?
Recuerdos que lleva el río, del Zurdo Martínez.

¿Una canción?
“Campo a fuera”, de Carlos Di Fulvio.

¿Una frase?
“Para el que mira sin ver, la tierra es tierra no más”, Atahualpa Yupanqui.

¿Un espacio?
A caballo, sobre mi recado.

¿Con quién continúa la serie?
Facundo Picone →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "ORACIÓN A PÉREZ CARDOSO", DE ATAHUALPA YUPANQUI, POR FERNANDO MORALES. 

miércoles, 28 de octubre de 2015

#34 - La música tiene el poder de transformar las cosas en este mundo

Facundo Cámpora
Cañada Verde, Córdoba.



¿Qué te acercó a la música?
Desde la niñez escuché música, por inclinación de mi familia. Mi abuelo paterno dirigía la Banda Municipal de mi pueblo y pasé a formar parte; también era profesor de guitarra, con quien llegué a estudiar. Mi padre, cantor, guitarrero, compositor y con grupos folklóricos. Mi madre, cantora de entre casa. También se daba la frecuente visita de gente del folklore de diferentes provincias, muchos reconocidos. Se escuchaban casetes y discos también, todo muy variado en cuanto a géneros. La música estuvo desde la niñez.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones? 
El bombo, a los tres o cuatro años, por ahí nomás aprendí a cantar la milonga “Los ejes de mi carreta” y mi viejo me acompañaba con la guitarra...  Luego el charango, siempre inquieto con probar sonidos, algo de quena... Lo que apareciera. Hasta que me decidí por la guitarra, a los catorce años. Con mi hermana cantábamos a dos voces las canciones que escuchábamos de los grandes y se sumaban primos y amigos.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
La necesidad de expresarme me llevó a buscar y probar maneras, explorando, intentando... Con el tiempo se van puliendo y vas sabiendo cada vez más lo que querés decir. Suelo tener épocas o ciclos, me pongo con una melodía que aparece o algún golpe de emoción hasta darle forma. También viajar es y sigue siendo un estímulo enorme para crear. Cada uno se va encontrando en este camino de expresarse y cada tema te va encontrando también. Algunos llevan años y otros salen en diez minutos...

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical? 
Para mí son pasos todos importantes y disfrutables si se está atento. Desde la intención o el impulso hasta la conclusión. Y de ahí en adelante con lo que pueda pasar con un tema, porque una vez que lo compartís ya tiene su propia vida, más allá de nosotros, y la satisfacción sigue. 

¿De qué hablan tus canciones?
Hablan de mis sentimientos y opiniones sobre cosas de la vida, de la Tierra, la naturaleza, de gente... Me gusta rendir homenaje a momentos o personas que me han enseñado algo. Procuro ser fiel a mí mismo, que me guste lo que hago, que me emocione, me transforme.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que sirvan para algo. Así como me han tocado y me tocan el corazón temas o canciones de gente que escucho y digo “eso”, que me da paz, alegría o fuerza, que me dice vamos que vale la pena o me deja en un mundo de cavilaciones más allá de la razón. Si mis canciones sirven así o parecido estoy realizado en ese sentido.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué? 
Creo que siempre ha estado presente el camino solista, de expresarme así, de encontrarme con la guitarra y la voz. Y siempre están presentes infinidad de combinaciones para compartir.  A propósito de “no tan solistas”, este año grabamos un disco homenaje para mi pueblo natal (Cañada Verde o Villa Huidobro) con un montón de invitados, cerca de sesenta, algo muy lindo.

¿Cómo ves la escena musical?
Siento que las músicas, junto a muchas artes, son llaves para abrir los corazones. Tenemos una enorme herencia que nos antecede y está en nuestras manos cuidarla; un presente que nos abraza y se proyecta hacia un futuro muy prometedor… ¡Sí! La música tiene el poder de transformar las cosas en este mundo. ¡Así que a tocar y cantar hermano!

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Uh, afortunadamente tengo tantos hermanos... Como dice el poeta. Te puedo citar a Lucas González, Sandro Rodríguez, José Luís Aguirre, Carlos Bordón, Julieta Valverdi, Enzo Nicola, Elías Domínguez, Pablo Jaurena, Martín Castro, Sabrina Vera, Mario Díaz, Fernando Morales, entre mucha gente más con la que crezco en cada encuentro o escuchando sus cosas. Siento destacar de manera especial a Hilda Herrera como referente en la composición, interpretación y la docencia.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
¡Sí! Y en este sentido he dedicado años a investigar a los que nos precedieron y sus aportes. En la medida que averiguás y buscás las raíces, te vas dando cuenta de la riqueza impresionante que tenemos en muchísimos lugares de la provincia y en cada lugar del país. Por ejemplo, junto a Pablo Jaurena, músico bandoneonista y amigo, hicimos un trabajo de estudio y rescate de la obra de Cristino Tapia (1891- 1972) compositor cordobés, tarea de dos años que nos acercó a un acervo muy enraizado y auténtico, y que te hace tomar conciencia de las grandes obras que nos preceden y que a veces no tienen el reconocimiento que merecen.

¿Un disco?
Señales luminosas, de Hilda Herrera.

¿Una canción?
“El cosechero”, de Ramón Ayala.

¿Una frase?
“Quien canta reza dos veces”.

¿Un espacio?
El corazón.

¿Con quién continúa la serie?
Con el amigo Fernando Morales →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "MI CORAZÓN AL LATIR"

mi corazon al latir from Facundo Cámpora on Myspace.

lunes, 19 de octubre de 2015

#33 - Soy Diaguita Calchaquí, esa es mi voz en este mundo

Sandro Martín Rodríguez Kunturi
Diaguita Calchaquí, del valle de Cafayate, Salta.



Mi nombre es Sandro Martín Rodríguez Kunturi, mi origen es Diaguita Calchaquí. Mi familia es del valle de Cafayate en Salta. Actualmente vivo en Córdoba, donde trabajo entre otras cosas con Interculturalidad y Salud.  En la lucha de los Pueblos Originarios.

¿Qué te acercó a la música?
En casa de mis padres siempre hubo música, de todo tipo, aunque abundaba lo más popular. Me crié en una villa de Salta y mi viejo tenía el único tocadiscos del lugar, así que en su carpintería se armaban los cumpleaños y las fiestas de fin de año. Él y mi madre cantaban muy bien, además mi  abuela materna era coplera.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Comencé a tocar la guitarra en el barrio, era el más chico del grupo, la mayoría veníamos de familias del interior, con el canto de coplas y las carpas en la herencia familiar. En aquella infancia era muy común jugar y luego parar debajo de un árbol donde comúnmente circulaba una guitarra o una quena. Siempre había alguien dispuesto a enseñarte algo. Prácticamente aprendíamos a tocar haciendo canciones propias, era natural, nos conocíamos muy bien así que no había problemas en mostrarnos tal cual éramos.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Ha pasado de muchas formas pero hoy creo tener cierta madurez en esto. Primero hay una intención, un para qué o para quién, luego es buscar “la idea”, que es lo más importante para mí. Cuando está la idea, hay que dejarla crecer (musical o literaria, una tiene a la otra), leer, investigar, pensar en eso todo el día como una bella obsesión, todo puede relacionarse con la idea, porque de hecho, en mi cultura todo está relacionado, es forzar y es fluir.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Todo. Cuando está la idea, siento que encontré un tesoro. Cuando puedo conectar las partes, es mágico. Siempre pienso que voy a hacer la mejor de todas mis canciones y así me comprometo… Aunque por ahí no salga así.

¿De qué hablan tus canciones?
De mí, de la familia, de gente que amo y que lucha. De todo lo que viene conmigo desde los comienzos de los tiempos y sigue en los hijos atravesando el tiempo y el espacio. Soy Diaguita Calchaquí, esa es mi voz en este mundo.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que viajen y vuelvan con otros colores.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Siempre hice música en grupo, me parece la mejor forma, como cuando jugábamos de niños.
Estoy retomando mi músico, paré un buen tiempo para desarrollar otras áreas de mis búsquedas, concretar otros estudios y la familia. Solista es en este momento como estoy volviendo  al juego.

¿Cómo ves la escena musical?
Muy interesante, escucho mucha música, de todo, aunque siempre miro a los nuevos autores y compositores, disfruto mucho de ellos y me mantienen encendido.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Me gusta y estoy siempre siguiendo las producciones de Ramiro Gonzáles, Facundo Cámpora, Ana Robles, Elizabeth Morris (Chile), Mario Díaz, Lucas Heredia, Jorge Fandermole, José Aguirre… Por suerte hay muchos.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
No pude advertir aún eso en Córdoba, tan citadina y diversa, que mira mucho a otros lados. Eso es bueno también, pero musicalmente me identifico con el interior más interior, caso Tucumán, la Rioja, Jujuy… Con la pequeña aldea que se mira más para adentro.

¿Un disco?
De mi entorno, el disco Canción Cordillerana, del Dúo Capayán. Es bello de principio a fin, me sorprendió la alta literatura y música, es un disco con tan buenas nuevas canciones que ya son clásicas. Para mí fue un estímulo.                                                

¿Una canción?
De los nuevos cantautores hay muchísimos temas que se me vienen a la memoria, pero voy a citar “Collage de Río”, de Sebastián Ibarra, del disco homónimo.

¿Una frase?
“Un mundo donde quepan muchos mundos”. Una de las consignas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). La Diversidad es la riqueza del Planeta.

¿Un espacio?
Los cerros de mi infancia en Salta. En Córdoba, cualquiera, con mis hijas.

¿Con quién continúa esta serie?
Con el amigo Facundo Cámpora →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "LOS TRES RÍOS"