miércoles, 29 de junio de 2016

#58 - Tarareando algo que no se sabe qué es

Negra Marta  Rodríguez
Córdoba



¿Qué te acercó a la música?
Mi viejo había sido cantor y guitarrero en su juventud, pero fue más por mi hermano, que desde muy pequeño tocaba la trompeta y estudiaba música. Siempre lo seguí mucho, como me llevaba algunos años, me fue mostrando los primeros discos, casetes, recitales, libros… Así la fui encontrando entre tantas otras cosas… Un día apareció en casa una guitarra, había muchas  revistas que traían canciones y los acordes para aprender, y así arranque con toda la felicidad del mundo. Fue amor.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
En mi casa, con mi hermano que me acompañaba y yo que cantaba. Luego en el colegio empecé a meterle manos a la guitarra, comencé a estudiar piano, y aunque todo era con partitura, en mi casa yo orejeaba todo lo que se podía orejear, me encantaba pasar horas con un tecladito que me había regalado mi viejo, metiendo ritmos y tocando canciones. Ya en el secundario, con los pibes armamos una banda, tocábamos covers de rock nacional, fue una época muy divertida, de juntarnos y pasar mucho tiempo guitarreando, compartiendo en la casa de alguno, andábamos en manada todo el tiempo.  Ensayábamos a la vuelta de mi casa, en el garaje del Ale, hacíamos un ruido bárbaro y los vecinos nos odiaban, jaja… Pero recuerdo con mucho amor aquellos tiempos.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No tengo método, de hecho creo que soy muy despelotada, anoto cosas en cuadernos, garabateo, dibujo, grabo en el teléfono cosas del momento que a veces cuando las escucho no se entienden, a veces voy caminando y se me ocurre algo, lo grabo…. A veces escribo cosas que no sé bien si son poemas o canciones, las dejo en remojo, o manijeo y me quedo todo el día con algo. A veces viene todo junto, letra y música, otras sólo toco horas la guitarra tarareando algo que no se sabe qué es. Me cuelgo y si sale sale; si no, la dejo otra vez a la espera, pruebo letras, si no, otra vez en remojo… No lo sé muy bien. Las canciones a veces te sorprenden y creo que en mi caso es así, no las obligo.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
¡Cuando estás que no podés parar! Cuando se pasa el tiempo y seguís hasta el final con algo, cuando te encontrás con alguien que te suma mucho con una idea, con una letra, con otra percepción. El momento en el que conectás con otra persona tocando, es muy hermoso también y es magia pura.

¿De qué hablan tus canciones?
Hablan mucho de mí. Aunque a veces intento salir de ese lugar, es raro que lo logre… La raíz está en el amor, en las pequeñas cosas, lo simple y lo complejo de los sentimientos. Los deseos, lo atesorado, todo eso siempre se acompaña con paisajes, que a veces son nublados, a veces estallan de sol o son tormentosos…

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Nunca pienso mucho en eso… Si a alguien le sirve o se identifica, es re loco, me parece un flash. Lo siento así con muchas cosas que yo escucho, y cómo una canción te puede llevar o traer para muchos lugares. Si sucede, creo que es mágico y una alegría hermosa, pero no sé, muchas veces las canciones sólo salen para curarnos de algo, para remendar los dolores, para decir cosas. Como salen de uno y uno va cambiando todo el tiempo, es difícil dar un pronóstico, onda con esta canción voy a cambiar algo o voy a ser tal cosa, qué sé yo, que sean lo que sean, que viajen y que logren salir de mí. Eso ya es mucho.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Se está dando naturalmente ese proceso. Es muy loco porque desde siempre me moví en formato banda. Gracias al trombón comencé otro viaje. Cantar y tocar me abrió nuevas puertas, y en ese sentido siento que he sido muy afortunada. Y, sinceramente, me encanta compartir y aportar alguito aunque sea a los proyectos de otros músicos, pero existe esa otra parte que no puedo dejar de ver, la de cantar canciones que por algo están ahí, son parte mía, y la razón principal creo que es que no encajaban en ninguna otra cosa que no fuera yo. Y desde allí voy construyendo, aún no grabé nada, hay canciones viejas que ya pidieron pista hace rato y otras que vienen llegando, y por ahí andamos ahora.

¿Cómo ves la escena musical?
Me parece alucinante, una ola de compositores y de bandas que tienen unos proyectos hermosos, que laburan muchísimo, se autogestionan, producen sus conciertos, con muchos a veces toco y es un placer participar, estar allí, compartir. Es tremendo eso.

¿Con qué músicos de tu entorno te sentís emparentada?
Por suerte, este camino me viene llevando por tantos lugares y gente hermosa, que sería injusto nombrar a algunos y otros no. Soy muy agradecida, no sólo por la música, sino por la amistad que nace y la que perdura, y además, porque de todo y todos he aprendido algo.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Musicalmente pasan muchas cosas, noto un destape de cantautores, también encuentro alta conexión entre músicos que logran unos intercambios tremendos ¡y eso está mortal!

¿Un disco?
Marmas, de Gonza Sánchez.

¿Una canción?
“Punto ciego”, de Toch.

¿Una frase?
La que me enseñó el tema: “Somos flor de un día”.

¿Un espacio?
Los patios.

¿Con quién continúa la serie?
Luci Rivarola →

LA MÚSICA POR SU CANCIÓN: “VIDALITA”

miércoles, 22 de junio de 2016

#57 - La identidad conjunta es la creatividad en acción

José Hernán Figueroa (Jota)
Río Cuarto, Córdoba.



¿Qué te acercó a la música?
Vengo de una familia de músicos, mi abuelo, mi viejo, mis tías y mis tíos... Pero la que realmente me acercó a la música fue mi vieja, que siempre bailó clásico y tenía una colección de casetes impresionante... Desde Talking Heads, Zeppelin, Floyd, Lou Reed, Bowie y el Flaco, hasta Debussy, Bach, la gorda Sosa y Violeta Parra. No sé, una variedad impresionante. Con mis amigos nos poníamos en casa a investigar músicas y descubrir cosas nuevas, desde chicos, me acuerdo.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Mi viejo me regaló de chico una guitarra, Antigua Casa Núñez, me acuerdo, un bombo también. Y también me acuerdo de un teclado Casio, que tiraba pistas, y en esa época eso estaba muy bueno... Pero el interés se lo puse al bombo, siempre me movió la percusión... El primero que me hizo mandarme a tocar fue un hermano amigo que tengo, que se llama Remigio Rica, que tenía un trio con otros dos amigasos. El trío se llamaba La Escalera y eran bajo y dos violas, así que me llamó el Remi y me dijo que quería que toque la batería con ellos, pero yo tocaba el bombo y tenía un bongó, me acuerdo, de batería nada. Pero me mandé a su casa y conseguimos una prestada. Eso fue un lunes... El viernes estábamos tocando en vivo en un bar para todos nuestros conocidos. Creo que teníamos catorce años.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Por lo general sale una de las dos cosas primero... A veces tengo un poema o una historia y la musicalizo, otras veces tengo una musiquita que me gusta y van apareciendo las palabras... Otras veces canto y toco todo junto de la nada. Pero son las menos. Me gusta mucho escribir, sobre todo. Trabajo bastante en eso.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Yo tengo dos, cuando termino de cerrar un tema y lo toco entero por primera vez. Me siento muy completo en ese momento. Y cuando se da la conexión tocando con los demás, es inexplicable. 

¿De qué hablan tus canciones?
Sobre el amor, sobre la existencia… Sobre la existencia sobre todo, yo creo.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que sigan naciendo. Después que hagan lo que quieran, yo las voy a amar igual, jajajajajja.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
En 2010 me fui a vivir a México, y como percusionista no me imaginaba pudiendo tocar apenas llegara. Yo empecé a hacer canciones a los catorce o quince años y siempre lo hice, desde entonces, pero se me dio por armas unas canciones nuevas y grabarlas en casa para el viaje. Un hermano del alma, Mariano Abilar, se encargó de acompañarme hasta lograrlo con su música y sus magias, y con ese disquito me fui a cantar al otro lado del mundo. Desde ahí, muy de a poquito, sigo avanzando. 

¿Cómo ves la escena musical?
Me acuerdo que hace como diez años hablábamos con varios amigos y coincidíamos en que en Córdoba había mucho por hacer y que era un espacio que estaba por ser sembrado de alguna manera, no porque no hubiese bandas o músicos grosos, sino porque es una ciudad muy grande y creíamos en ese entonces que había una demanda no saciada y que hacía falta una movida más grande... Creo que se terminó dando lo que pensábamos, o al menos se está viendo, y con una base muy firme a nivel artístico, creativo y también de producciones... Estoy muy contento de haberme quedado por acá, a verlo y a ser parte de alguna manera.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Bueno, la verdad es que con muchos... Anduve por el folklore, el rock, la canción, y siento que tengo muchos amigos y sobre todo muchos amigos que me dio la música, con los que me conecto y comparto muchas cosas. No quisiera nombrar a nadie por no dejar a nadie afuera.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Sí... Creo que Córdoba hoy tiene varias aristas de identidad muy fuertes. En el pop, en la canción y en el folklore. La identidad conjunta es la de la creatividad en acción, me parece. Supongo que hay una energía que está laburando en esta zona del país en este momento. Jajajajaja. Así lo siento yo, al menos.

¿Un disco?
Marmas, del Gonza Sánchez, me encanta.

¿Una canción?
“María Sabina”.

¿Una frase?
“¡¡¡Está la comidaaa!!!”. Jajajajajajja.

¿Un espacio?
La cocina.

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Continúa con La Negra Marta Rodríguez →


EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "CALCOMANÍAS"

miércoles, 15 de junio de 2016

#56 - Sólo resta que la gente apague la tv y se arma la fiesta

Nahuel  Chiarella
Rio Tercero, Córdoba.

Foto: Jimena Salomone   


¿Qué te acercó a la música?
Creo que las ganas de jugar, ¡era un niño! Había una guitarra vieja guardada en el ropero y tengo la imagen de sacarla para actuar de músico. A los diez mi vieja me mandó a violín y de ahí no paré

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Lo primero fue un coro de niños en el conservatorio de mi ciudad natal, Río Tercero. Después hice piano un tiempo con mi madre de profe, hasta que llegó el violín. Más de púber vino un enamoramiento por el blues que me llevó a la armónica y a la viola eléctrica, y de ahí a tener una banda de rock adolescente (la banda y el rock, ja).

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No es sistemática y aunque haya tendencias en las formas de trabajo, siempre aparecen excepciones o una nueva manera de hacerlo. Hay canciones que brotan sin darme cuenta y otras que demandan mucha dedicación para nacer, aunque la génesis siempre es difusa: uno no sabe cómo se le ocurrió lo que se le ocurrió, o de dónde vino.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Cuando viene una idea que condensa en la música y en la letra algo de muy adentro. Esa semilla es un impulso que te lleva sí o sí a otra idea, entonces uno siente que el tema está concebido y no puede sino crecer. De todas maneras, hay muchos momentos placenteros, otro muy lindo es cuando finalmente puedo compartir la música con al menos uno más.

¿De qué hablan tus canciones?
Hablo en canciones generalmente cuando algo me atraviesa y eso depende mucho del momento. Las “musas” se reinventan y a veces nos sorprenden. Cuando empecé componía mayormente empujado por el enamoramiento a otra persona pero con el tiempo aparecieron algunos planteos existenciales y posturas ideológicas como motores, e incluso situaciones más triviales también.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Hace un par de años me crucé con un amigo músico y me contó que tenía de tono en el celu un temita mío de un EP que compartí en ese momento y bastó para sentirme pleno, porque significa que le gustó, que en algo se sintió representado. Obvio, todos quisiéramos que nos escuche mucha gente, pero si le llego a mi entorno soy feliz.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Después de la banda de la adolescencia intenté armar proyectos grupales en varias oportunidades, pero en ningún caso se logró. Finalmente decidí grabar en casa unas canciones viejas que tenía pero que por alguna razón quería mucho, en formato de EP, y digamos que ahí empezó la cosa.

¿Cómo ves la escena musical?
¡Es tan amplia que a veces cuesta verla! Hay mucha gente haciendo las cosas muy bien, con mucha entrega, talento y dedicación, y es gratificante ver esa apuesta. Gran parte de mi escucha la dedico a la escena local, pero más que por curiosidad o empatía, porque de verdad me atrae, me gusta.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Son realmente muchos y si tuviera que dar nombres de alguno me olvido seguro. Hay mucha gente cercana que admiro y aún en los casos más distantes encuentro algún costado que me seduce. Más allá de las particularidades me siento emparentado con la búsqueda de mi generación.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Todo muy ecléctico y atomizado. Esa es la identidad para mí en la era de la comunicación, ya casi no hay límites o es difícil determinarlos. Hay de todo en todas partes, sólo resta que la gente apague la tv y se arma la fiesta.

¿Un disco?
Family Game, de De la Rivera.

¿Una canción?
“Búsqueda Infinita”, de Cristóbal Sterpone.

¿Una frase?
Va repetida pero lo merece: “cambiemos todo el tiempo que hace bien, dejá que te pase el mundo”, de Telescopios.

¿Un espacio?
Un lago, el Piedras Moras.

¿Con quién continúa la serie?
Jota Figueroa →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “QUÉ IMPORTA EL DETALLE”

miércoles, 8 de junio de 2016

#55 - Todo cambió con una porta estudio de cuatro canales

Cristóbal Sterpone
Embalse, Córdoba.

Foto: Ivan Pierotti  


¿Qué te acercó a la música?
Vengo de familia de músicos, por parte de mi viejo y mi vieja. Ambas familias siempre estuvieron ligadas a la música. De todos modos, pienso que esa fragilidad ante la música ya viene con uno. Seguramente, el hecho de tener instrumentos a mi alcance y ver a mis tíos constantemente tocando llamó rápidamente mi atención. Pero como dije anteriormente, el sentimiento musical, por así decirlo, es algo que traemos impreso y que tarde o temprano va a salir a la luz, más allá del entorno.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Recuerdo con claridad que en la casa de mi abuela paterna había una guitarra criolla sobre una cama. Yo ni si quiera la levantaba, pero podía pasar un largo rato tocando las cuerdas al aire, eso ya me generaba una gran atracción, y siempre que tenía la oportunidad lo hacía. El siguiente recuerdo ya es con mi primer batería, que mis viejos me regalaron cuando cumplí los once años, con la que di mis primeros pasos rítmicos y que ha sido una fuente de inspiración hasta estos días.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo? 
En cuanto a la composición, no tengo ningún método. Con el tiempo aprendí a estar atento y poder captar bien el momento en que la info baja. No es algo que pueda manejar, ni siquiera sé bien cómo es que sucede, pero en algún momento la música llega y eso es lo que lo hace tan mágico y especial. Después viene otra fase, donde hay que trabajar sobre las ideas y darles forma. Y ahí sí, ya empiezo a aplicar fórmulas que fui desarrollando en estos años, y de esa manera conseguir el sonido buscado. De todas maneras, siempre es algo muy experimental.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Hay muchos, uno es cuando tengo un boceto nuevo y ya quiero mostrárselo a alguien más. Otro es cuando me junto con la banda y ellos reproducen humanamente lo que yo fui programando y trabajando solo. Es un momento único, tanto que a veces me cuesta cantar las canciones por la emoción que me produce.

¿De qué hablan tus canciones?
Hablan de amor, de mis hijos, aunque no los nombro directamente, la energía viene de ahí. De reflexiones personales, pero principalmente está referido a la sensación que me provoque la canción, entonces escribo a modo de agradecimiento por la llegada de esa nueva música. Esa es mi religión.
             
¿Qué esperás que pase con tus canciones?
En verdad no espero demasiado, ni siquiera me imagino que más podría pasar. Recibo devoluciones hermosas todo el tiempo y con eso me basta. Por ahí fantaseo que mis hijos de grandes las toquen, las hagan propias, eso me haría muy feliz.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Hasta los catorce o quince años no recuerdo exactamente, formé parte de distintos proyectos como batero. A partir de ahí, todo cambió con una porta estudio de cuatro canales que mi viejo me regaló. Esta grabadora fue la que me permitió juntar toda música que venía acumulando y ahí, sin darme cuenta, fue que comenzó mi camino solista. Fue ahí donde grabé mis primeras ideas, que luego serían canciones y que hoy son mi universo musical.                                        

¿Cómo ves la escena musical?
Creo que estamos ante una explosión musical muy interesante, de la cual me siento parte por el sólo hecho de generar música nueva hoy. Y porque cuando escucho a las nuevas bandas me siento mucho más identificado que años atrás, donde sentía un vació importante y me costaba  mucho más conectar. Hoy me sorprendo de ver tanta gente haciendo canciones bellas por todos lados. Hay que ver si estamos preparados para recibir y percibir todo ese arte, porque también están los que piensan que ya fue todo hecho y que lo nuevo no tiene sustento. Yo no creo que sea así...

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Obviamente, con los músicos que toco con más frecuencia, con los que estoy compartiendo esta etapa. Ellos son Alexis Duarte, Miguel Zuárez, Simón Gómez, Ary Branca, Mauro Duarte, Catalina Sterpone. Ocasionalmente toco con Rayos Láser y también siento una gran afinidad. La lista podría extenderse.

¿Un disco?
Senderos, de Valentín González.

¿Una canción?
"Madre de los Quebrachos", de Matías González.

¿Una frase?
 “No está mal intentarlo otra vez la mitad del tiempo que perdés”. 

¿Un espacio?
El valle del silencio.

¿Con quién continúa la serie?
Nahuel Chiarella →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “ABRAZAME”

miércoles, 1 de junio de 2016

#54 - El delicioso escozor de espina amarga

Valentín González
Córdoba.

FOTO: MATI CASTRO  











¿Qué te acercó a la música?
Mi viejo es músico y lutier, y mi vieja es una persona muy musical. Mis varios tíos y primos son músicos, pintores, escritores, actores. La música siempre estuvo ahí, no tuve que acercarme demasiado.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Cuando tenía seis años mi viejo me enseñó a tocar Camino a San Francisco en una criolla hecha por él, con cuerdas de metal (la única que había en casa hasta ese momento). A los siete recibí de regalo mi primera eléctrica (también construida por mi viejo) y un marshallito de esos de dos watts. En general, fui aprendiendo solo, nunca tomé clases de guitarra ni canto formalmente porque era muy inquieto, no me salía ni me sale estudiar demasiado. Básicamente, me pasé toda mi infancia tocando canciones de los Beatles en actos del colegio, jeje.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No siempre hay métodos, pero por lo general cuando uso uno no lo repito. Cada vez que hago una canción nueva es de una forma distinta. Muchas veces, en lugar de enfocarme en hacer una canción me enfoco en el modo en el que la encararía. Si eso se resuelve, si consigo un método nuevo, la canción nace sola.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Cuando escucho por primera vez una canción nueva que acabo de grabar. Y cuando la empiezo a mostrar.

¿De qué hablan tus canciones?
Hay de todo. Se repiten escenarios oscuros y el camino hacia la luz, la contemplación de la nostalgia, pero sin tristeza, con cierta dulzura. Siempre digo que hago música con saudade, que es un concepto portugués que remite a una especie de nostalgia feliz. Hay un poema hermoso de Garrett, A saudade, y él dice que es “delicioso pungir de acerbo espinho”, algo así como el delicioso escozor de espina amarga. Diría que mis canciones se ubican bastante en ese lugar.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que se embellezcan con el tiempo, que tengan sentido y que puedan penetrar en el que escuche.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Empecé en 2010, a los meses de haberme mudado a Buenos Aires. En parte fue por practicidad, en ese momento me costaba mucho conseguir músicos para armar una banda, que era a lo que estaba acostumbrado. Por otro lado aproveché el cambio de aire para animarme a salir a tocar solo. Vivía solo, salía solo, estaba bastante solo en la ciudad. Las canciones estaban ligadas a eso también.

¿Cómo ves la escena musical?
Creo que está más desprejuiciada que hace un tiempo. Creo que éste, como cualquier otro, es el mejor momento para hacer música, pero cada vez nos damos más cuenta de eso.

¿Con qué músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Hay muchísimos, con los Valbé, Jamani, Juanga, Fly fly Caroline, Eze Borra, Niko Garay, Cristóbal Sterpone, Mati Mormandi, Balda, Eze Schaerer, Gabi Améndola y mil etcéteras. Pero sobre todo me siento muy conectado con los músicos de mi banda: Nico Echeverría, Leandro Emanuele, Román Descotte y Santi Gavioli.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Va mutando. Tanto la identidad de cada proyecto como los circuitos en los que se mueven. La identidad está relacionada al entorno, nos vamos contagiando entre nosotros.

¿Un disco?
Aquelarre, de Sig Ragga.

¿Una canción?
“Si amanece”, de Juanga.

¿Una frase?
“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”, cuento de Augusto Monterroso.

¿Un espacio?
Depende.

¿Con quién continúa la serie?
Con Cristóbal Sterpone →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “SIN RESPIRAR”

miércoles, 25 de mayo de 2016

#53 - Se está generando una nueva forma de canción

Juan Gavioli (Juanga)
Córdoba capital.



¿Qué te acercó a la música?
De pequeño se escuchaba mucha música en casa, y siempre me gustó. Había músicas que me transportaban a sensaciones hermosas. Supongo que mi viejo tuvo mucho que ver, ya que canta y toca la guitarra. Me contaba historias de cuando él era joven y tenía su banda de rock. La música fue y es parte de toda mi vida.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Un día, a los nueve años, agarré la guitarra de mi viejo, que la había dejado en la pieza, y me puse a rasguearla sin sentido. Arriba cantaba cosas improvisadas (el canto es algo que hago desde que tengo recuerdos). La cuestión es que ellos me miraban con ternura y para navidad me regalaron una guitarra criolla. Aprendí canciones de Litto Nebbia, que me pasó mi viejo, así que ya de entrada fui internalizando los acordes con séptimas y las cejillas. A los diez me aburrí y dejé la guitarra por un año. Fue a los once que amigos del barrio querían armar una banda y me llamaron porque sabían que yo tocaba. Ahí volví a agarrarla y no la solté nunca más. Tiempo después, a los catorce, formaría mi primera banda, con la que hacíamos homenaje a los Beatles y con la que empecé a tocar en todos los escenarios de Córdoba (y que luego me llevaría a tocar al The Cavern, en Liverpool, Inglaterra, el mismo escenario que muchos años antes pisaron los Beatles). 

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No quiero nunca atarme a un método, para poder seguir renovándome con el tiempo y probar nuevas formas de hacer música. Igualmente, sería difícil decir que uno no desarrolla ciertos hábitos, o que se acostumbra a fluir de alguna manera propia que haya desarrollado con el tiempo. Generalmente, tengo que sentirme inspirado para poder componer algo que valga la pena, como primera condición. Eso me sucede cuando me veo motivado por un sentimiento, alguna situación que me haya pasado en la vida, linda o que me lastime, o que me deje pensando. Ahí me activa la necesidad de generar un canal por donde descargar tal sensación. Tenés algo que decir y querés decirlo ahora. Cuando me pasa, empiezo a unir acordes con la guitarra o el piano, y canto melodías que voy improvisando, tratando de representar lo que siento. Intento también que salga una frase que resuma lo que quiero expresar, y la repito en dónde mejor encaje. La escribo en un cuaderno y si salen más también, aunque después no use todas porque me parezca que no garpan. Igual ayudan a encaminar hacia dónde va el mensaje. Supongo que es algo así como cocinar. Vas probando lo que hacés, hasta que queda rico. En la música, pruebo hasta sentir que se generó una conexión entre la melodía, la letra y la armonía; una sensación que me produzca lo mismo que me pasa cuando escucho a un artista o a una música que me complace. 

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
No puedo definir uno. Hay muchos. Yo disfruto de casi todos los momentos. Cuando nace la idea, cuando se va formando la canción y vas dando en la tecla, cuando la terminás, cuando la grabás y muta de acuerdo a los arreglos, que suelen ser nuevos elementos. Todo eso es excitante. Cuando la tocás en vivo. Cuando con el tiempo vas probando versiones distintas sobre un mismo tema. A veces te diría que es parecido a estar con alguien e ir renovando y regando esa relación. Lo que sí me sucede es que resulta más placentero la primera vez que llega cada uno de esos momentos… Después, con la repetición va perdiendo fuerza y necesitás renovar, en todos los sentidos.

¿De qué hablan tus canciones?
Generalmente hablan de cosas que me suceden o sucedieron. También quizás de lo que me gustaría que suceda. Todavía no pude hablar de algo imaginario o algo ficticio de una forma que sea artística y convincente. Me encantaría poder hacerlo alguna vez. Pero por ahora la fuerza reside en que sé que estoy cantando algo real, que viví o que sentí, y por eso puedo cantarlo con todo el feeling cada vez que tenga que hacerlo. Porque me transporto a ese momento y me sostengo de un sentimiento con sustancia. Este primer disco que acabo de sacar como solista, llamado Elemento, habla de personas con las que viví alguna situación de amor o cariño, o sobre las que me dejaron o salí herido; habla de paisajes que vi en viajes, de ideas que se me ocurrieron con respecto a la vida y experiencias que aprendí.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que se disfruten, como disfruté de crearlas. Obviamente no puede pasar con todas las personas, porque cada uno siente y tiene gustos distintos. Pero supongo que hay mucha gente ahí afuera a la que puede llegarle o hacerle bien mi música. Para mí es un proceso sanador y sería genial que eso se pueda transmitir a alguien más. Cuando un buen sentimiento es compartido suele ser más hermoso; si no queda sólo en uno, que tampoco está mal, pero es una gran sensación la de compartir algo de uno y que otro le dé un nuevo significado... Generar un efecto en alguien más, sobre todo si es un sentimiento de amor o de lo que sea que le haga bien al que lo escuche. 

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
El 2013 fue el año que decidí ser solista. Es algo que venía pensándolo, pero todavía le daba chances a las bandas que tuve. Los motivos creo fueron dos. El primero, que siempre vi crecer un proyecto y luego disolverse por no ponernos de acuerdo entre los integrantes; tuve dos bandas con las que hicimos muchas cosas, con una fui a tocar a Inglaterra y con la otra, que se llamaba Avant-Premiere, grabamos un disco que se escuchó mucho por Córdoba, titulado Todos los Días Más. El segundo motivo era que necesitaba grabar y cantar muchas canciones más que había compuesto, que a veces no entraban en el perfil de la banda, entonces quedaban guardadas. Decidí registrar un primer disco solista  (Elemento - 2015), en donde incluí todas canciones nuevas, compuestas entre el 2013 y 2015 -salvo una que traía del 2008, "Si Amanece"-, pero con el disparador de tener la libertad de dejar o sacar lo que a mí me gustara, sin tener que consultarlo o que alguien esté de acuerdo. Necesitaba sacar esos temas afuera, para mejorar mi propia forma de componer, experimentar con nuevas herramientas y poder crecer como músico.

¿Cómo ves la escena musical?
Creo que hay de todo, gente muy talentosa y sincera, y también escucho cosas que no me gustan. Con esto me refiero a que el negocio de la música (la mayoría de las veces) poco tiene que ver con la calidad artística del producto. Hay muy buenos artistas y músicos que tienen prácticamente cero difusión, y otros que son difundidos pero que musicalmente hablando se quedan a gamba. Bastante se maneja por contactos, más allá del talento, y los intereses de muchos que se encargan de difundir son vender la música, como cualquier otro producto que se vende en el mercado. Por tal motivo (preocuparse sólo por cortar tickets y las cuestiones superficiales de la imagen), el riesgo es que la música en sí, como expresión artística, eterna, y huella del ser humano, pierda importancia (por ende, magia y fuerza) y termine siendo banal. También están los casos en que se unen las dos cosas, calidad y difusión, pero son menos.
Uno de los grupos actuales que está llegando cada vez a más público y que a mi parecer tiene muchas canciones hermosas y con muchísimo corazón (aparte de estar trabajadas con mucho respeto, algo quizás imprescindible en el buen arte), son los muchachos de Sig Ragga. Si te tengo que nombrar a alguien, creo que ellos están haciendo el camino de la forma más sabia. Después hay muchas bandas nuevas en la escena, que tienen cosas muy interesantes, pero que también noto que todavía están ahí, tratando de descubrir su propia fórmula, su esencia, su verdadera música genuina (en relación a los grandes músicos que dio este país, como Charly, el Flaco, Cerati, Piazzolla, y tantos más que sería una lista interminable). Yo me considero en este último lugar, por supuesto, todavía tengo que desarrollar muchísimo en lo que respecta a mi música y a mis composiciones. Mi objetivo es, algún día, quizás, si lo hago bien y si se dan las condiciones, poder ser un maestro en este arte. Es una búsqueda de toda la vida. La cuestión está en no abandonarla nunca.

¿Con qué músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Con Ernani Iuso, del grupo Jamani, Niko Garay, Valentín González, con mi hermano Santi Gavioli, con Cande Zamar, el bajista de mi banda, Gabi Lanatti, los amigos de Avant-Premiere, Franco Barea, Tebi Giordano y Mati Acosta (que no veo hace mucho, pero con quienes nos entendimos muy bien en todo lo referido a la música en su momento), y más personas que conocí y que voy conociendo día a día.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Creo que sí. Hay elementos en los temas del nuevo pop/rock cordobés que están un poco presentes en casi todas las bandas y/o solistas que aparecieron últimamente de mi ciudad natal. Y es loco porque es distinto al estilo Rosarino o al de Buenos Aires de hoy en día. Hay otra vuelta de rosca. Otra cosa que me gusta es que al no tener referentes fuertes -como Rosario tiene a Fito, Litto, o Buenos Aires a Charly o el Flaco, por nombrar algunos-, siento que más allá de sus influencias presentes en muchos de nosotros, se está generando una nueva forma de canción propia de Córdoba. Quizás sea el momento de que nuevos referentes aparezcan de la ciudad del cuarteto, donde mostremos también que hay muchos estilos más y variedades de canciones y colores que podemos crear. Y que la historia se sigue escribiendo, día a día, en constante evolución. 

¿Un disco?
Opuestos Complementarios, de Jamani.

¿Una canción?
“Momentos”, de Cristobal Sterpone.

¿Una frase?
“Todo dura un instante, para toda la vida”, Luis Alberto Spinetta.

¿Un espacio?
La meditación

¿Con quién continúa la serie?
Valentín González →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "SI AMANECE"

miércoles, 18 de mayo de 2016

#52 - Tomar la canción como formato para desarrollar nuestra música

Candelaria Zamar
Córdoba.

FOTO: ISI VIOLETA   


¿Qué te acercó a la música?
En realidad, siempre estuve cerca de la música, porque desde muy chica en mi entorno siempre se escuchó mucho de todo y en mi familia la práctica musical está muy presente. Tengo recuerdos muy tempranos de mis padres y mis tíos cantando y tocando, o de ser chiquita y sentarme a escuchar música mientras jugaba. Así que supongo que absorbí todo eso sin darme cuenta.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Creo que por haber estado en contacto con la música desde muy chica, las cosas se fueron dando paulatinamente. Siempre me gustó cantar y jugar con el piano. Cuando tenía ocho años, más o menos, empecé clases con un profesor que tenía un método muy especial porque -ahora puedo entenderlo- me hacía ejercitar mucho el oído. Si bien, seguramente no duré mucho en esas clases, creo que esas fueron mis primeras herramientas, y la verdad es que me sirvieron un montón para seguir explorando sola también, hasta más adelante ponerme a estudiar con otros profesores.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
La verdad es que no tengo un método muy definido para hacer canciones. Todas empiezan de una idea musical chiquita y si me atrapa lo suficiente, la continúo. Pero si bien hay puntos en común entre la composición de una u otra canción, hasta ahora todas las que hice fueron de una manera diferente. En cambio, cuando escribo música para que otros la interpreten (más “orquestal”, por decirlo de algún modo), ahí sí soy un poco más metódica: primero trato de imaginar lo que va a sonar, ayudándome muchas veces con instrumentos y/o la computadora. También lo ideal es consultar las cuestiones técnicas con los músicos que van a tocar esa música, o al menos que toquen los mismos instrumentos para los que estoy escribiendo. Después hago bocetos que muchas veces tienen forma de dibujo o gráfico y que me sirven para tener una idea general de la pieza. Hago muchos bocetos, cada vez más específicos. A veces, si puedo, armo maquetas en la compu y todo culmina cuando llego a la partitura final.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
En mi caso, el proceso de composición no sé si siempre es placentero, porque implica enfrentarme con la incertidumbre de lo todavía no hecho. Pero a la vez, creo que es el momento que más disfruto, porque ese vértigo tiene algo de interesante y motivador también. Y después, cuando encuentro algo que me suena bien y me dan ganas de tocarlo o escucharlo una y otra vez hasta que lo asimilo… Creo que es la mejor sensación. Después está lo lindo de interpretar la música en vivo y conectar con eso. Pero aun así, creo que el proceso de “laboratorio”  cuando estoy componiendo o grabando es el que más me gusta.

¿De qué hablan tus canciones?
De música, de pensamientos, de amor, de desamor, de humor, de contradicciones, y del espacio.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Espero que funcionen musicalmente, que se sostengan como estructuritas y que por hacerlo me gusten, fundamentalmente. Claro que es lindo si además del otro lado hay oyentes atentos y más lindo aún si esas canciones terminan por agradarles y transmitir “algo”, pero esas ya son cuestiones que no puedo controlar ni predecir, así que trato de no esperarlas.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Empecé en 2012 a tocar mis canciones. Para ese entonces me di cuenta que ya tenía algunas canciones como para sacar afuera, y como justamente me costaba porque me daba mucha vergüenza, me armé de coraje (y esto en parte no habría sido posible si no hubiera tenido amigos que me alentaran a hacerlo) y empecé a tocarlas en vivo, sola con mi teclado.

¿Cómo ves la escena musical?
Veo que hay mucho y muy diverso haciéndose, y supongo que eso es un buen síntoma. Tengo la sensación que es un momento bueno para el surgimiento y el desarrollo de muchas músicas nuevas.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentada?
Francisca y los Exploradores, Rosal, Loli Molina, y en realidad todos con los que comparto el camino musical.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Creo que muchos tenemos en común el hecho de tomar la canción como formato para desarrollar nuestra música.

¿Un disco?
Aloe, de Aloe.

¿Una canción?
“Marcial”, de Lucas Martí, cantada por Julieta Brotsky en el disco Presión Social, de Varias Artistas.

¿Una frase?
“La belleza es la eternidad contemplándose a sí misma en el espejo”, Khalil Gibrán.

¿Un espacio?
Las sierras y el río.

¿Con quién continúa la serie?
Juanga →

LA MÚSICA POR U CANCIÓN: “APARECER”