martes, 28 de marzo de 2017

#82 - Los músicos independientes remamos en un mar de dulce de leche

Patricio Gonzalo Díaz
Ciudad de Buenos Aires.



¿Qué te acercó a la música?
Los primeros acercamientos que tuve con la música se dieron con mi abuelo materno, fanático de Duke Ellington y del folclore. Yo todavía no había agarrado ningún instrumento, pero para la época en que tenía once años, varios de mis primos ya tocaban la guitarra, así que fui aprendiendo mucho con ellos, hasta los 14, que tuve mi primer criolla (una Antigua Casa Nuñez, heredada de mi abuelo, por supuesto).

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Me costó mucho desprenderme de mi bagaje estrictamente rockero. Las primeras bandas que escuché pertenecían al punk rock y al hardcore. Más de grande descubrí Pink Floyd y a partir de ese momento se abrió completamente el panorama musical… Me encontré con El Flaco, La Máquina de Hacer Pájaros, Color Humano, Nick Drake, Joy Division, Radiohead, etc. La lista es interminable/insoportable. Creo que haber descubierto estas cosas siendo un poco más grande fue una ventaja, ya que me permitió no naturalizar ciertos recursos o conceptos. Al día de hoy, sigo sorprendiéndome con composiciones de Invisible (por ejemplo) y, por cómo viene la mano, creo que jamás voy a dejar de hacerlo.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Nunca tomé clases de composición, por lo cual hablar de una “metodología” me queda un poco grande, jeje. Sí puedo hablar del impulso que se va generando a partir de una idea que me guste. Por lo general, un acorde o un riff de guitarra marcan el motivo que traccionará la canción en general, sobre eso la progresión armónica va generando los espacios para la melodía de voz y cuando la canción se vuelve repetitiva, busco la forma de volver a captar el interés del oído… Intentar no exponer todos los recursos de entrada, sino ir administrándolos en el transcurso de la canción para no perder el hilo.

 ¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
La respuesta rápida sería la grabación y la mezcla del registro, ya que es mi “vocación”, por decirle de alguna manera. Pero también podría decirse que disfruto mucho el momento en que los elementos que componen una canción pueden sostenerse por sí solos… Ese instante en que el músico deja de pensar estrictamente en lo técnico de la interpretación y puede darse el lujo de apreciar lo que se va generando… Y ni hablemos cuando eso que está sonando es del gusto de uno! Es una experiencia muy satisfactoria.

¿De qué hablan tus canciones?
No sé si hay una temática estable del contenido de las canciones… Creo que por lo general hablan de las inseguridades generadas a partir de reconocerse como un ser incompleto,  encontrarse con los propios límites… También hay muchos viejos amores (buenos y malos), el crecimiento, algunos sueños que me marcaron, temores infantiles y alguna que otra cosa que me olvido, seguramente.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Si la sana comunicación se trata de ser lo más directo posible sin lastimar a los cercanos, me gusta pensar que el mensaje en la música se rige por otras leyes y dinámicas. Creo que es sumamente válido intentar despertar la curiosidad o sugestionar alguna imagen al destinatario, estimular la inquietud mediante alguna frase o melodía, establecer contrapuntos que hagan trabajar ambos hemisferios del cerebro. Algunas veces sale mejor y otras peor, jejeje.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Podríamos hablar de una faceta solista, siempre y cuando hagamos referencia a componer música por fuera de los proyectos en los que uno esté involucrado. Hago canciones desde los 18 años, aproximadamente. A principios del año pasado estaba tocando en tres bandas distintas (con diferentes roles compositivos en cada una de ellas) y sin embargo, seguí haciendo música que quizás no se ponía a disposición de estos conjuntos. No descarto la posibilidad de editar algo de este material, con la ayuda de mis amigos y colegas, pero al momento estoy poniendo mi líbido creativa en Los Días, con quienes editamos nuestro último disco a principios de diciembre.

¿Cómo ves la escena musical?
Argentina tiene una de las escenas musicales más variadas de Sudamérica, junto a Brasil. Dicho esto, creo que hay que delimitarse un poco y reconocer que el mainstream de nuestro país es muy pobre musicalmente hablando y viene en picada. Las leyes del mercado musical y la falta de impulso a nuevas ideas y circuitos generó artistas, festivales y producciones donde se pierde (casi del todo) el eje de la música. De ahí la razón por la cual los “nuevos discos” de artistas que se consagraron en su momento suenen a “más de lo mismo” de lo que rota en los grandes medios de comunicación. Recordemos que la futbolización de la música (donde importa más “la ceremonia de la previa”, el agite por sobre la música, etc.) se da en un contexto de crisis y decadencia de este ambiente, lacrado con el sello de la tragedia de Cromañón (como subproducto de lo que generan estas leyes y criterios).
Por la positiva (y como supervivencia a la época del “rock chabón”) se fueron gestando otros espacios independientes. La idea del DIY (Do It Yourself) de los inicios del hardcore se retomó en forma de sellos, festivales, espacios, radios, fanzines, discos, todo de forma independiente. De repente, los músicos tuvimos que sentarnos horas frente a videos tutoriales para aprender a diagramar los flyers de nuestras propias fechas, aprendimos a editar videos y mezclar nuestra propia música. Amigos programadores y distintas plataformas que fueron surgiendo nos dieron la posibilidad de difundir nuestra música a bajo costo y este es, quizás, el aspecto a rescatar de nuestra escena musical, y de la cual estoy muy enamorado: los músicos independientes remamos en un mar de dulce de leche y aún así se emiten producciones de alta gama.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Por suerte, pudimos compartir muchas fechas el año pasado con bandas que la rompen. Temporada de Tormentas, Los Islandeses, La Gran Pérdida de Energía, El Príncipe Idiota, Los Octopus, Entidad Animada, Desperte Siendo Otro, Césped, Legüero y muchísimas otras.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Si, la autogestión.

¿Un disco?
Diagramas, de la banda Fusibles.

¿Una canción?
"Siesta", del disco Campamento, de los bahienses Dos Astronautas.

¿Una frase?      
“Sin expectativa no hay decepción”.

¿Un espacio?
Roseti (en Roseti 722, Chacarita; ex “La Playita”).

¿Con quién continuamos?
Pablo Maeda, de Los Islandeses →


EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “BATALLA”, LOS DÍAS.

miércoles, 15 de marzo de 2017

#81 - Como el viento al partir

Gabriel Ardanaz
Lanús, provincia de Buenos Aires. 

  
¿Qué te acercó a la música?
Los primeros recuerdos que tengo con la música son de cuando tendría ocho años aproximadamente. Mi tío Ronaldo tenía un cuarto en su casa donde escuchaba discos de vinilo de jazz de la primera época, big band tipo Glenn Miller o Gene Krupa, y en las reuniones familiares me invitaba a escuchar con él. También, otro recuerdo musical de esa época es ir de vacaciones con mi familia escuchando  ABBA en el Torino de mi viejo.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Mis primeras incursiones con la música fueron a los quince años, cuando me compré mi primera guitarra, una Faim modelo sg, donde empecé a tocar solo algunos acordes, hasta que a los dieciséis empecé a estudiar guitarra con un docente de Lanús, Martin Cafieri. Por esa época armábamos con mis compañeros de escuela nuestra primera banda, llamada Polaroid, que luego fue Bauer y con la cual editamos tres discos.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No, soy bastante desordenado al componer. A veces parto de improvisar con la viola hasta encontrar algo que me guste, o unir dos partes diferentes para lograr una canción. También, cuando el recurso de la guitarra se hace monótono, recurro a samplers desde la compu para que me dispare timbres diferentes a los usuales. Y con respecto a la letra, busco más las sonoridades de las palabras que el significado en sí de la canción.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Todas las actividades que competen al proceso musical son placenteras. No puedo distinguir una más que otra.

¿De qué hablan tus canciones?
La verdad es que no lo podría decir, me parece más interesante que cada cual interprete lo que le parece. Porque además, al hacer las letras busco más la sonoridad de las palabras que un significado en sí, aunque todo lo que uno escribe puede tener una interpretación.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Espero que las canciones, que son de Legüero, lleguen cada vez a más personas. Y que se pasen en la radio, así de una vez por todas, cobro algo en SADAIC.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Mi camino solista  lo empecé en el 2008, después de la separación de mi primera banda, Bauer. En el 2010 edité mi disco El río, con el que toqué hasta el 2012, cuando formé LEGÜERO, grupo con el cual estoy tocando desde ese entonces. En el 2014 editamos Paisajes, nuestro primer disco, y estamos en el proceso de mezcla del segundo. Es decir que mi carrera solista no duró mucho, trabajo mejor en grupo.

¿Cómo ves la escena musical?
Veo que existen un montón de bandas interesantes, buscando cosas nuevas, pero que se les hace difícil encontrar el camino en este mundo de sobreinformación. Internet sirvió para que cualquiera pueda hacer un disco, que me parece genial, pero a la vez hay demasiadas bandas que me parece que les falta profesionalizarse. En general, falta organización, tanto de las bandas como de los lugares para tocar. Aunque se mejoró en muchos aspectos, me parece que aún falta. Es solo una humilde opinión.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Con mis compañeros de banda, LEGÜERO.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
La verdad que no, creo que existe mucha diversidad.

¿Un disco?
Bardo, banda Menta.

¿Una canción?
“Como el viento al partir”, LEGÜERO.  

¿Una frase?
“Un guerrero no detiene jamás su marcha”.

¿Un espacio?
El mar.

¿Con quién continúa la serie?
PATRICIO DIAZ →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “FLORES DE ESTACIÓN”, LEGUERO.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

¡De Merlo a Temperley!

NoTanSolistas Volumen II · Marzo - diciembre 2016
¡Muchas gracias! Conocimos, disfrutamos y aprendimos más y más.
Pronto regresamos al camino.


jueves, 8 de diciembre de 2016

#80 - Como un tesoro

Lautaro Davila
Temperley, provincia de Buenos Aires.




¿Qué te acercó a la música?
A la música me acerqué desde pequeño cuando, luego de escuchar a mi papá tocar la guitarra y a mi mamá cantar, era yo quien me acercaba a las seis cuerdas para jugar con ellas. Sin dudas, lo que selló en mí el vínculo con este arte, es una sensación de libertad, juego y búsqueda. Los discos que mi viejo ponía en su bandeja seguro tuvieron mucho que ver; la suave voz de mi vieja cantándome antes de irme a dormir o al despertar, también. Podríamos decir que no fui yo quien se acercó sino ella, la música, la cual habitó desde siempre en mi vida.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Siempre me la pasé golpeando cosas, armando ritmos. A su vez, también en mi casa había una vieja criolla de concierto que mi abuela le había regalado a mi papá cuando era adolescente. Con esa guitarra aprendí mis primeros acordes, ayudado también por mi hermano mayor en su momento. Recuerdo que cuando tenía alrededor de seis o siete años armé una primera y muy simple sucesión de acordes que tocaba repetidamente. En algún momento le daba un bongó a mi hermano menor y armábamos la bandita para tocar infinitamente los acordes que para mí eran como un descubrimiento, como un tesoro. Ya más de grande, a los trece años, me dispuse a emprender el camino de la música formalmente y me compré mi primera batería, el primer instrumento que estudié seriamente.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Ante todo creo que cuando desarrollamos un hecho artístico, lo que hacemos es canalizar nuestra energía a través del instrumento, de la tela, de la palabra, etc. Por ende, creo que el primer paso para llevar a cabo ese proceso es el de experimentar la vida cada vez con más intensidad. Esto es algo fundamental: el artista, para decir algo, tiene que transitar caminos. El rol que siento al componer es el de bajar información de lugares lejanos de mí mismo, compartir esos caminos recorridos. Una vez que tengo algo para decir, lo escribo. La música generalmente nace de mi juego cotidiano con la guitarra. En algún momento la sonoridad de lo que estoy tocando me canta una melodía y me pide cierta poesía, la cual busco en mis escritos. Mi intento está puesto en que la creación sea  para mí un espacio de libertad  y experimentación.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
No puedo hablar de un momento más placentero, tocar un tema en vivo me produce cosas hermosas, así también como los primeros acordes y melodías que surgen. Por supuesto que también grabar. Esto es algo que disfruto mucho, me gusta dedicar mi energía a la producción de las canciones para armar discos con ellas.

¿De qué hablan tus canciones?
De mi tránsito por estos lares, en esta forma humana.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
No espero nada en particular. Disfruto mucho hacer música que ante todo me transmita cosas a mí mismo.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
En el año 2013 empecé a tocar las primeras canciones como solista, a guitarra y voz. Lo que me incitó a hacerlo fue el deseo de emprender el camino musical, compartir esto que disfruto tanto. Luego, al poco tiempo, se sumó a las presentaciones una gran compañera que me regala este hacer, Candela Czarnowski, con la cual emprendimos lo que hoy se llama Aireeria, un grupo que actualmente cuenta con nueve integrantes y un disco, Antes de Ser Semilla, que verá la luz durante este mes de diciembre.

¿Cómo ves la escena musical?
Hay grandes artistas por todos lados. Proyectos autogestivos que verdaderamente están en un gran nivel. Creo que hoy en esto que llamamos “under” se refugian banderas y horizontes sagrados. Hay mucha gente hablando, cantando y construyendo libertad, y eso me encanta. Esos son los grupos que me conmueven.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Me siento cerca de todx músicx que exprese a través de su arte una búsqueda de libertad.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
La zona sur del conurbano es de una riqueza hermosa. La identidad musical es algo multidimensional. La fusión es hoy el horizonte.

¿Un disco?
Valtari, de Sigur Ros.

¿Una canción?
“La Bengala Perdida”, de Spinetta.

¿Una frase?
“Recuerda que un guerrero no detiene jamás su marcha”.

¿Un espacio?
El Refugio de Burzaco.

¿Con quién continúa la serie?
Gabriel Ardanaz →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “EL CAMINANTE”

miércoles, 30 de noviembre de 2016

#79 – La música une mundos

Martiniano Tanoni
Banfield, provincia de Buenos Aires.



¿Qué te acercó a la música?     
Lo primero que pienso es en algunas escenas de mi infancia: mi viejo cantando zambas con su guitarra en su cuarto, mi madre escuchando y cantando Sui Generis y Almendra, mi tío con la onda del rock progresivo (que supo inculcarme) y mi abuelo haciéndome escuchar música clásica. Pienso que esas cuatro vertientes confluyen en mi identidad musical.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Dicen que de muy purrete “dirigía” escuchando música clásica, así que parece que algo de interés había… Lo primero que recuerdo es sentarme al piano de mi abuelo, a los cinco o seis años y jugar. A los siete años mi vieja me mandó al taller de piano del colegio. Fui a regañadientes, pero descubrí que tenía mucha facilidad. También tomé algunas clases de guitarra, pero me decidí por el piano. Luego tomé clases particulares con dos profes muy grosos, cada uno en su estilo: Jorge Goldstein y Verónica López Skapin. Y a los catorce entré en el Conservatorio Julián Aguirre, donde hice la carrera de piano con la genia de Ana Stampalia. Ese sería el comienzo de la formación “académica”, pero desde chico empecé también a improvisar y componer melodías. En realidad me gustaba eso muchísimo más que estudiar las obras clásicas... Luego empezaron a salir algunas canciones, primero con letras de otros y luego propias. Y encontré ahí una identidad. De algún modo sabía que eso era algo que nadie podría sacarme nunca.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Hay muchos métodos para componer, pero creo que ninguno es garantía de nada. Es algo muy personal. En mi caso, soy bastante desordenado. No me hallo en la rutina. Quizás pueden pasar días y no compongo o escribo nada y de repente surge una idea movilizadora y no puedo dejar de pensar en eso. Y ahí es cuando no duermo y estoy obsesionado por terminar de redondear la obra, ya sea una canción o algo más complejo. De todos modos, también me ha pasado que hay ideas que surgen en algún momento y terminan definiéndose años después. Creo que la creación es algo que está más allá de nuestro control, y hay que dejar que los procesos maduren solos. Cada obra es única y tiene sus tiempos, así como cada persona.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
La creación, sin duda alguna. Es único. Y dentro del proceso creativo, el momento en el que todo se revela. La inspiración o epifanía. Después, últimamente disfruto mucho el proceso del armado del tema (compartido con otros músicos) y la grabación. Grabar me apasiona, me parece algo increíble y mágico.

¿De qué hablan tus canciones?
De mí, básicamente. De experiencias personales, sentimientos, pensamientos. Más que nada sobre la vida, el amor, el desamor, la soledad, la muerte, la injusticia del mundo.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que trasciendan. Que emocionen. Que ayuden a alguien en momentos de oscuridad, como me sucedió y sucede a mí con la música de los artistas que admiro.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
En 2011 decidí grabar un disco solista, junto a varios músicos invitados. Luego de haber integrado varias bandas que por distintos motivos se separaron, quise grabar algunos temas que había hecho en esas bandas. Así nació Juventud, un disco algo hippie, que luego presentamos con Los jóvenes de siempre, durante 2012 y 2013. Después volví a agarrarle el gustito a tener una banda, y así Los jóvenes mutaron a Escalera.  Pero el camino solista sigue, con otro disco proyectado para terminarse este verano. Cada tanto me presento sólo con mis canciones, es un lindo desafío.

¿Cómo ves la escena musical?
A nivel masivo, no hay muchas cosas que me interesen, sinceramente. Pero en lo que llamamos el “under”, hay muchísimas bandas y solistas que están haciendo música muy grosa. Creo que la posta es hacer. Soñar y concretar proyectos. El camino del artista independiente de los grandes sellos discográficos me parece genial para los que aspiramos a hacer algo valioso. Todo cuesta más trabajo, porque uno además de la música debe ocuparse de la difusión, de generar fechas, de producir sus propios discos… Pero creo que a la larga no hay nada como el orgullo de saber que uno fue siempre honesto consigo mismo y lo que quería hacer. Creo que un verdadero artista debe serlo, en realidad.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Tengo varios hermanos musicales, compas de diferentes proyectos actuales y pasados: Naya Ledesma (con quien tenemos el dúo MartiNayando), Agustín Fernández, Carlitos Alegre y Cristian Jaimes (compas de Escalera), Nicolás Penso y Tomás Nos (con quienes armamos el trío Nameku),  Joaquín Scheuer y Leandro Narduzzo (con quienes integramos Manos en 2007-2009), Gustavo Rosas y Marcelo Arrieta (compas de Tarro, trío de folclore y música latinoamericana), Carlos Jaimes (gran director de orquesta, con el que hemos compuesto algunos temas), Matías Wilson (grosísimo pianista y bandoneonista con el que tenemos un dúo informal-esporádico), Martín Lippo y Matías Treister (guitarra y batería de Los jóvenes…), Leonel Barranou y Leandro Taddey (con quienes armamos una fugaz banda llamada Parte del Mar en 2010), Fernando Colica (con quien ahora estamos produciendo mi segundo disco). Y después, me siento cercano a muchos colegas con los que tenemos una admiración y respeto mutuo por el laburo musical. No los nombro porque seguro me olvido de algunos y sería injusto. Pero son muchos, y de distintos “mundos”. La música une.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
No. Creo que hay estilos muy diversos… ¡por suerte! Si no, sería un bodrio.

¿Un disco?
Hay muchísimos, pero  elijo La hija de la lágrima, de Charly. Me partió el bocho a los diez años, y ya nada fue igual.

¿Una canción?
También, hay miles…  Vamos con una de Luis: “Canción para los días de la vida”.

¿Una frase?
“¿Qué más vas a pedirle a la vida, si todo está en su lugar? ¿Qué más que no sea tiempo, magia y aire para respirar?”, estribillo de “Fogata”, canción del último disco de Escalera.

¿Un espacio?
Cualquier estudio de grabación.

¿Con quién continúa la serie?
Lautaro Dávila →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: “ÚLTIMA HORA”, ESCALERA

miércoles, 23 de noviembre de 2016

#78 - Entre la poesía y la fuerza del tango y la estética y el espíritu del rock

Cintia Trigo
Temperley, provincia de Buenos Aires.

¿Qué te acercó a la música?
En casa siempre se escuchaba música. Mi vieja nos despertaba subiendo de a poquito la radio. Siempre había algo sonando. Con mi hermano Alexis solíamos cantar temas de Sui Generis, Fito Páez. Mi hermano mayor, David, estudiaba con música: Janis Joplin, The Rollings Stones, Sumo, The Doors, Divididos, Los redonditos de ricota… Era un anhelo ser música. Principalmente, mi sueño era ser guitarrista de rock.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
A los doce mi vieja nos regaló una guitarra para los tres y nos anotamos en el Conservatorio de Música Julián Aguirre. Empezamos a ir los tres, también se había anotado mi primo y luego quedé yo sola.  Estudié muchos años Educación Musical y fui profe de música en escuelas. Pero es una carrera interminable y sufrí muchos cambios de programa. Después empecé a estudiar Letras y ya no me daban los tiempos. Dejé la música, prácticamente. Un día, no sé cómo, mi primo Matías Wettlin me propuso enseñarme algo de tango, género que tenía muy poco manyado, la verdad. Empezamos un ensamble en la Escuela Orlando Goñi, que dirigía Juan Otero de La púa. Aprendimos dos canciones y ya tocamos en público. Fue un momento inolvidable para mí. Aprendí más en esos años que en todos los que había estudiado en el conservatorio. Me enamoré del género y, sobre todo, de la movida del Tango Nuevo. Eso me enganchó mucho más que los clásicos. Era el puente indicado para mí entre la poesía y la fuerza del tango y la estética y el espíritu del rock. Cuando vi a la Fierro por primera vez, me estalló la cabeza.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No siempre. Hay canciones que surgen de una letra nacida de algún momento o necesidad expresiva. Ganas de hablar o denunciar algo. Otras, de un motivo, de una secuencia de acordes que me taladran como una idea fija hasta que toman forma. Soy bastante cuadrada para componer, sobre todo en cuanto a formas. Me interesa mucho el género canción (estrofa-estribillo). Me parece fundamental que la melodía sea consistente y recordable. Pero, sobre todo, me importa que se diga algo necesario.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Para mí, obviamente, cuando termino una canción. Sensación de exorcismo de esa idea fija que me venía quemando la cabeza sin parar. Sensación de parto. Rara vez cambio algo una vez que siento que la canción “nació”. Quizás después decida que me gusta más o menos, pero trato de respetar su génesis, con sus fallas. Otro momento que me encanta es cuando  escuchás un tema propio en vivo, instrumentado o interpretado por otras bandas. Esa idea de que el germen se hizo algo independiente a la idea que lo concibió. La sensación de que creció y me trascendió.

¿De qué hablan tus canciones?
De muchas cosas. Trato, en lo posible, de no hablar sobre el amor. Me hincha. Me interesa sobre todo la canción social, la denuncia, el retrato arltiano del presente y sus conflictos. De todo aquello que escape a los lugares que siento ya han sido habitados por el género demasiadas veces.  Sobre la mujer, la alienación, la hipocresía de la sociedad, la doble moral. Esas cosas me interesan para escribir.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que vuelen. Que me excedan. Que haya la mayor cantidad de versiones posibles, que se alejen de aquello que yo concebí. Que me sorprendan. Que me gusten más que la versión original. Que cuando sean escuchadas, sea fácil recordarlas. Eso me interesa, que se puedan silbar. Aunque sea un pedacito. Que la gente se vaya pensando algo sobre lo que se dice. Que ayude a despertar conciencias dormidas.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
No sé exactamente. Fue siempre un deseo. Me fui animando de a poco, en diferentes ocasiones. Era necesario porque las canciones nacían y quizás no encontraban su espacio en los proyectos de los que formaba parte, por el género o por la estética. En general, prefiero siempre tocar con otros. No me termina de cerrar la soledad en el escenario. Por eso formamos La vagabunda, con mi hermano y otros compañeros. Un proyecto con el que hacemos mis temas, pero también el de otros. Con ellos hacemos un ciclo, La troupe vagabunda, en el que invitamos a diferentes autores y nos mezclamos. Creo que cuanto más se socialice la música, mejor para todos.

¿Cómo ves la escena musical?
Me parece que es un momento propicio para componer y denunciar. En momentos donde se evidencia una fuerte avanzada de la derecha sobre situaciones fundamentales de los derechos humanos y las condiciones de subsistencia de la gente, es fundamental no callar ni ser cómplice. De ahí la urgencia de la letra, a mi entender. La escena tanguera está en plena efervescencia. Tanto los grupos que ya vienen laburando, como los que recién arrancan, todos parecen estar motivadísimos para proponer y producir. Hay numerosos hitazos y propuestas dentro del  género. Quizás sea momento de empezar a preocuparnos por esas cosas que a veces nos hinchan a los músicos, pero que son fundamentales para que la cosa se mueva y crezca: la ampliación del público, del circuito de música en vivo y los espacios de difusión. De esas luchas (que a veces parecen tan poco musicales) creo que dependerá que esta movida siga creciendo de modo exponencialmente a lo que ya vino pasando. Es mucho lo que se ha logrado hasta acá. Quizás algo que era impensable algunas décadas atrás.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentada?
¡Con muchísimos, obviamente! El Tape Rubin, el Tata Cedrón, La Fernández Fierro, El cuarteto La Púa, Moradores Tango, Altertango, 34 puñaladas, Peralta y Astillero han servido de formadores, inspiración y de catapulta. Muchos de ellos me han dado consejos y ayudas fundamentales para saber cómo y hacia dónde ir. Pero podría nombrar muchos más, compañeros de ruta con quienes hemos hecho yuntas y cruces muy productivos: Pacha González, Natalí Di Vincenzo, Juan Lorenzo, Rojo Estambul, Trío Piraña, La Vidú, Quinteto Negro La boca, ¡tantos más! Es gigante la cosa y llena de amigos y compañeros.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Yo creo que sí. Ese respeto y estudio del género, pero con una dosis de irreverencia que habilita a apretujarlo, estirarlo, recortarlo y sumarle elementos para darle aire y frescura. Esa quizás sea la impronta de estos tiempos. Y el espíritu rockero, que siento siempre presente en nuestros orígenes y sentires generacionales.

¿Un disco?
Reina Noche, del Tape Rubin, y Lujo Total. Los escuché muchas veces, me sirvieron de brújula.

¿Una canción?
“Blueses de Boedo”, del Tape; “Vírgenes Rotas”, de Guyot y Ferrara; “Puente Pueyrredón”, de Sensottera, entre tantos otros.

¿Una frase?
“Destino de andar en la vida / siempre cantando por ahí/ abrazado a una guitarra (…) siga cantando compadre que usté nunca morirá”, de un tema de los Manseros Santiagueños.

¿Un espacio?
Alrededor de una guitarra.

¿Con quién continúa la serie?
Martiniano Tanoni →

LA MÚSICA POR SU CANCIÓN: “6:25”

miércoles, 16 de noviembre de 2016

#77 - Ser muchos es algo muy bueno

Analía Trillo
Quilmes, provincia de Buenos Aires.



¿Qué te acercó a la música?
Varias cosas, supongo; quizás escuchar desde pequeña a mi mamá y a mis tías cantando… El tango sonando en la casa de mis abuelos, donde alguna que otra vez caía algún cantor con una guitarra o algún fueye. Tengo la imagen de mi abuelo pasado de copas, mi abuela enojada, y yo divertidísima, queriendo escuchar esa música que me encantaba. Un poco más grande, recuerdo a varios músicos que me influenciaron: mi prima Marcela Vigide tocando su violín; Ángel Dermán, mi profesor de música de tercer grado, de quien aún recuerdo sus canciones de memoria, y podría decir que prácticamente es la única gran evocación de mi educación primaria; Jorgelina Lavalle, mi profesora de música de segundo año de la secundaria, que un día tocó la flauta traversa a su clase. Ese día conocí el instrumento que me fascinó y marcó mi camino en la música. Y más tarde, ver un video del “Mono” Izaurralde tocando chacarera en el canal Todo Tango y, obviamente, me voló la cabeza. Posiblemente, esos fueron disparadores que me llevaron a elegir este camino.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Tocar algún dúo con mi prima, las orquestas juveniles… El primer proyecto en el que encaré más seriamente —con el nivel de seriedad que podía tener a los veinte años— fue un grupo de folklore con mis compañeros del conservatorio.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
En cuanto a la composición, no. En cuanto al trabajo con mi instrumento, sí. Soy rigurosa con el estudio técnico. Depende del repertorio que esté armando, me organizo rutinas de estudio que me ayuden a abordar la música con más posibilidades de elección al momento de la ejecución.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
El momento más placentero es a veces un ensayo donde después de mucho probar encuentro eso que tenía en la cabeza desde el principio. Algún concierto donde ocurre la magia y siento que realmente fluye la música. No son cosas que pasan siempre que uno toca o ensaya. Son esos momentos que se dan a veces, si bien uno busca generarlos en cada ensayo o concierto, vienen cuando se les canta a ellos. 

¿De qué hablan tus canciones?
Compongo música instrumental que habla del lugar donde vivo, que es Buenos Aires.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Espero que me hagan millonaria, pero bueno… Si no se puede eso, espero que a alguien le guste un tema mío y me invite un Fernet con Cola.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
De alguna manera se podría decir que ahora estoy empezando. Hasta el momento me dediqué al trabajo grupal, pero después de ser madre, elegí quedarme un tiempo en casa con mi hija y eso le quita tiempo a cualquier actividad grupal que requiera presencia constante. Así que sigo haciendo algunas actividades grupales que no requieren tanto ensayo, mientras trabajo también de manera individual todo lo que tiene que ver con la composición.

¿Cómo ves la escena musical?
Muy bien, al menos en el tango, que es a lo que me dedico. En las últimas décadas hubo un resurgimiento del género, de mano de las generaciones de músicos más jóvenes. Hoy hay toda una camada de músicos haciendo cosas muy buenas, hay variedad de estilos entre los nuevos compositores. El tiempo dirá que queda y que no. Pero ser muchos es algo muy bueno.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentada?
Con todos los que se animan a pensar cosas nuevas, a innovar desde cualquier aspecto pero desde la profundidad, desde el conocimiento genuino de la música que quieran tocar.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Si, encontré mi identidad en la música latinoamericana en general y en la música rioplatense, en particular.

¿Un disco?
Un disparo en la noche, de la Orquesta Típica Julián Peralta. Es una recopilación de los tangos de nuestro siglo.

¿Una canción?
“Aire sin final”, del “Tape” Rubín. Un tangazo de nuestros días.

¿Una frase?
“Nosotros somos solo un poroto de la máquina tanguera, un tornillo de esta máquina, nada más, que en determinado momento podemos ser útiles y en otro no”. Es de Osvaldo Pugliese, lo dijo cuando tocó por primera vez en el Colón. Tenía ochenta años.

¿Un espacio?
Espacio Cultural Benigno, de los lugares que conocí últimamente es el que sentí más cálido.

¿Con quién continúa la serie?
Marcela Vigide →
Marcela Vigide sugiere seguir con Cintia Trigo →

LA MÚSICA POR SU CANCIÓN: “LA CHANCHA”, CHIFLADAS TANGO