miércoles, 30 de marzo de 2016

#45 - Mi camino como solista es natural, nunca lo decidí, es así, soy yo con mi guitarra y mis inquietudes danzando el mundo

Rodrigo Carazo
Córdoba – Tierra del Fuego.



¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Siempre me sentí atraído por la música y el sonido, mis viejos cuentan que perseguía parlantes y me dormía sobre ellos. A los nueve años, vivía en Tierra del Fuego y recibí la visita de un tío mágico que llegó de mochilero con una guitarra desnuda en su espalda. Suficiente símbolo para aprender y nunca jamás parar.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Siempre primero la música, generalmente en la guitarra, aparece la armonía y la melodía juntas… Cuando ya suenan con el alma, las palabras aparecen en su perfecto molde. Me gusta estar atento a los momentos donde baja una canción, para poder estar dispuesto a traducir toda esa info. Siento que me llegan esas melodías, no pienso mucho.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Cuando estoy terminando la letra y siento que la canción ya es una cosa fuera de mí, que viajará, a partir de ese momento, para siempre por sí sola.

¿De qué hablan tus canciones?
De mi percepción del universo, de lo invisible… Del crecimiento.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que sean puentes hacia la expansión. Que ayuden a ampliar los paisajes internos a través de la belleza y lo sutil, que las escuchen muchas personas en el mundo y se transformen en otras cosas, que sean traducidas en goce.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Si bien siempre tuve varios proyectos grupales, mi camino como solista es natural, nunca lo “decidí”, es así, soy yo con mi guitarra y mis inquietudes danzando el mundo. Y a la vez, es sólo una manera de llamarlo, pues generalmente no estoy solo, siempre hay personas nutriendo el hecho musical.

¿Cómo ves la escena musical?
Córdoba, al igual que muchos otros lugares del mundo, cuenta con una gran cantidad de artistas que están trabajando por hacer crecer su expresión, más allá de las políticas, el espíritu de trabajo cultural tiene mucha fuerza y lo bueno es que lo que más se comparte es el valor humano. Córdoba está muy fuerte.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Mucho más allá de los lenguajes de cada uno, siento una familia cultural natural con personas como Lucas Heredia, Gonza Sánchez, los Toch, Julián Venegas (Rosario), entre muchos otros…

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Seguro. Mucha.

¿Un disco?
Puentes invisibles, de Lucas Heredia y Julián Venegas.

¿Una canción?
“Miles”, Toch.

¿Una frase?
“Sin sombra no hay realidad, sino la luz para qué”.

¿Un espacio?
El mundo.

¿Con quién continuamos?
Con Gonza Sánchez →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "UNIVERSO"

miércoles, 23 de marzo de 2016

#44 - “Si pinto en noche con luna, mi coplita sale clara”

Ramiro González
La Rioja.



¿Qué te acercó a la música?
Si bien soy hijo de un músico, cantautor de folclore, de mi provincia de La Rioja, creo que mis primeros recuerdos de la música se remontan a mi hermano mayor -mis viejos están separados desde un par de meses antes de mi nacimiento-  y de mi madrina, que me cantaba canciones de María Elena Walsh cuando iba de vacaciones a casa de mis abuelos, en la provincia de Córdoba, donde resido actualmente desde hace unos dieciocho años.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Mis primeras incursiones fueron cantando con un bombo de madera terciada, de esos que venden en las casas de productos regionales. Me lo regaló una tía abuela luego de un viaje que hizo a Salta. Debo haber tenido cuatro o cinco años. Luego, a los ocho, mi viejo me enseñó a tocar el charango, y a eso de los once agarré por cuenta propia la guitarra, porque el charango se había roto. Y fue un viaje de ida. A los quince o dieciséis empecé a escribir mis primeras cosas para una banda de rock que teníamos con unos vecinos del barrio.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No tengo, aunque después de más de veinte años de escribir y, posiblemente, por cierta facilidad para las melodías, por lo general primero hago las letras y me resulta fácil musicalizar. De todas formas estudio bastante de manera autodidacta y siempre estoy probando nuevas técnicas.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Cuando se comparte con otros músicos o cuando la gente corea mis canciones, ahí se produce una conexión que es muy difícil de explicar. El hecho de ser cantautor y de que otros artistas interpreten mis temas, los hace circular de una manera más extensa de lo que yo podría hacerlo y eso hace que se conozcan por diferentes versiones. Eso es un gran placer, cuando alguien elige una canción que yo hice sin ninguna pretensión.

¿De qué hablan tus canciones?
De la vida, de gente común y corriente, de cuestiones sociales, políticas, filosóficas, del amor y los afectos. De la tierra, la naturaleza, de lo rural y lo urbano. De muchas cosas.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Nada, no espero nada. El que espera algo de sus canciones está especulando con ellas. Yo las hago por una necesidad de comunicar o compartir un pensamiento, a veces por catarsis.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Siempre quise formar parte de un grupo, nunca me interesó ser solista, para nada. El hecho de hacer canciones, en cierto modo, es una limitación respecto de ese anhelo, porque todos los músicos con los que me he juntado terminan pidiéndome que hagamos temas míos. Cada vez que sucedió eso, cuando empezábamos a hacer temas míos, por lo general terminaban recayendo la mayor parte de las responsabilidades en mí y me terminaba desgastando, porque eso genera cierta comodidad en el resto de la banda. Así que un día decidí abandonar un proyecto hermoso que tenía con un sexteto y empecé a tocar y componer para mí solito, con la guitarra. Y ese fue un bonito viaje, porque me exigió explorar otros recursos con el instrumento y mejorar la interpretación vocal. Aunque ahora que soy un poco más conocido las cosas son diferentes, porque tengo gente que se encarga de hacer algunas tareas que me desgastan y eso me permite relajarme con el resto.

¿Cómo ves la escena musical?
Es una pregunta bastante compleja y abarcativa. Depende del lugar y sus políticas culturales. No es lo mismo la escena de Córdoba, donde yo vivo, que la de La Rioja o la de Buenos Aires, y así en cada lugar, va cambiando de acuerdo a diferentes factores sociopolíticos. Por ejemplo, este cambio de gobierno a nivel nacional, no creo que sea tan auspicioso, si bien yo no soy partidario de uno ni de otro, creo que lo realizado por Teresa Parodi, en el gobierno saliente, era de alguna forma esperanzador, y lo que vi con Macri como jefe de gobierno de Buenos Aires era de alguna forma todo lo contrario, con el cierre de muchos espacios. Lo que sí veo, en general, es una vuelta a las artes. El mundo tiene ciclos de mucha creatividad y creo que este que estamos viviendo es uno de ellos, posiblemente potenciado por los recursos tecnológicos.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Con los que de alguna forma me vengo relacionando desde hace más de una o dos décadas. Raly Barrionuevo, Bruno Arias, Juan Quintero, con quienes he compartido mucho en este último tiempo, pero la lista es larguísima. Le debo en gran parte ser lo que soy a un músico de mi provincia, que es Pica Juárez. Me siento identificado con quienes vengo compartiendo una amistad y luego la música, como José Luis Aguirre, que es un tremendo compositor cordobés con quien tenemos un dúo, o con quienes me han invitado a compartir con ellos, como Orozco Barrientos, Franco Luciani, Arbolito, La Bruja Salguero, Bicho Díaz, Dúo Coplanacu, Acá Seca, Luna Monti, María y Cosecha, Lucas Heredia y Julián Venegas. Este año tuve la alegría de compartir un par de veces con el Negro Carlos Aguirre, Jorge Fandermole, Liliana Herrero y Juan Falú. También tuve la suerte de cruzarme con artistas de otros géneros que no son folclore, con quienes he compartido, como el Ají Rivarola de Armando Flores o el Cabra de Vega de Las Manos de Filipi, por citar algunos.

¿Un disco?
Pintura de pago chico, de José Luis Aguirre.

¿Una canción?
“Vientito de Achala”, también de José Luis.

¿Una frase?
“SI pinto en noche con luna mi coplita sale clara”, de mi viejo, el Pimpe González.

¿Un espacio?
El Encuentro Nacional Cultural San Antonio de Arredondo.

¿Con quién continuamos?
Rodrigo Carazo →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "LA COSECHERA PERDIDA"

miércoles, 16 de marzo de 2016

#43 - Cuando dejé de esperar, mis canciones volaron

Francisco Allende
Serrezuela, Córdoba






¿Qué te acercó a la música?
Tener un padre músico fue lo que me llevó de a poco a amar la música. Y luego, tener la posibilidad de elegirla como camino de vida, ya que hoy soy docente de Educación musical, repartiendo mi tiempo entre clases y componer, cantar en peñas, eventos, etcétera.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Mis primeras incursiones con la música fueron desde muy pequeño, ya que con dos o tres años mi madre me llevaba al coro de la iglesia del pueblo donde vivíamos y cantar se transformó en mi modo de vida a partir de ahí.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Es una buena pregunta, aunque me surge decir que componer o crear canciones fue una bomba que explotó en mis manos. Siempre comienzo con la palabra como motor, pero no siempre es así, la poesía para mí está primero, aunque casi siempre viene con música. El método y la práctica han ido apareciendo con el tiempo, sumando practicidad y vuelo a lo que explota como idea inicial.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Hay muchos momentos placenteros, como también los hay amargos en el proceso musical, aunque si tengo que elegir, el momento es cuando estoy al frente del público con mi guitarra cantando lo que siento.

¿De qué hablan tus canciones?
Mis canciones comenzaron hablando de la nostalgia del desarraigo, atraviesan muchos costados sociales de la vida del hombre del noroeste de Córdoba y van de a poco sonriendo a la maravilla de vivir en este lado del mundo, con sus paisajes, amores, luchas y esperanzas.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Antes esperaba algo de las canciones… y cuando dejé de esperar, mis canciones volaron y siento que es un hermoso regalo saber que muchas están volando por el mundo mientras sigue saliendo luz y oscuridad desde lo profundo de uno mismo.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
He compartido con muchos amigos el camino musical, interpretando a muchos autores que amo. Cuando comencé a mostrar una mirada personal del mundo nació mi proyecto solista, que igualmente sigue acompañado de grandes músicos y poetas.

¿Cómo ves la escena musical?
Hoy el músico se cansó de esperar. Desde la autogestión se han logrado grandes miradas sobre la belleza del mundo y eso ha enriquecido a muchas personas que cada vez miran menos al mainstream musical reinante en los medios y en los grandes festivales.

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Uno tiene como maestros y referentes a muchos grandes artistas, pero no quiero dejar de nombrar cantautores e intérpretes como Ramiro González, José Luis Aguirre, Paola Bernal y muchos otros que han decidido la independencia musical, alumbrados por un talento musical y poético gigante.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Cuando me doy vuelta y miro mi entorno, sé que las personas que nombro y enriquecen mis canciones hacen que mi identidad musical se vea reflejada en ellos, que nos son más que el espejo donde uno encuentra las emociones que canta luego.

¿Un disco?
Gajito e luna, de José Luis Aguirre.

¿Una canción?
“El ojo de la tormenta”, de Ramiro González.

¿Una frase?
“Uno debiera ser el ojo de la tormenta, abeja en la corola de cuanta flor abierta, el lado sigiloso de una fuerza secreta que guarde en el sosiego la paz pa´ quitar penas”, “El ojo de la tormenta”,  Ramiro González.

¿Un espacio?
El monte.

¿Con quién continúa la serie?
Ramiro González, cantautor riojano 

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "GUADAL"

miércoles, 9 de marzo de 2016

#42 - Un día dije: se va todo al carajo, agarro mi guitarra, mi voz y mis piernas, nada más

Nicolás Trigo
Merlo, provincia de Buenos Aires.



¿Qué te acercó a la música?
La música en sí misma, desde muy chiquito me recuerdo escuchando música. Y cuando jugaba con los muñecos, inventaba historias de acuerdo a la música que pasaban en el radio o cosas así. Creo, sinceramente, que la música me crió más que cualquier persona. Y cuando veía un instrumento, sabía que quería tocarlo, pero no decía nada para que mi vieja no tuviera que gastar en eso. Sinceramente, no recuerdo un momento en particular, solo sé que no tengo recuerdo en que la música no esté presente en mi vida.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
A los nueve años formamos nuestra primera banda con dos compañeros, donde hacíamos temas de Spinetta, Tanguito, Guns N´ Roses, Metallica, Hendrix, Nirvana, por ejemplo. Yo cantaba. Hasta que pude comprarme una guitarra y fue ahí, con mi primera viola eléctrica estilo J. Hendrix, que supe que no pararía nunca de amar y tocar la guitarra. Así que mis primeras incursiones fueron rock al palo.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No sabría si llamarlo metodología. Tengo mis preferencias, por ejemplo la mañana, bien temprano. La mayoría de las canciones que compongo surgen con las primeras horas del día, porque de noche me deprimo, me salen oscuras o demasiado tristes. Después, si tengo una forma de componer, en cuanto a letra y música, la verdad es que no, dejo que la melodía elija encontrarse primero con la letra o con el ritmo y viceversa con todo. A veces armo y desarmo mucho, a veces hago las canciones casi a sordas, a veces sin siquiera agarrar un papel o un instrumento, después las toco y veo cómo quedaron. Pero nunca me sirvió una metodología, de hecho me aterra encontrarla creo.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Lo que más disfruto es improvisar, cuando sale bien, es como el orgasmo.

¿De qué hablan tus canciones?
No me limito en lo que quiero que digan mis canciones. Trato de abordar temas que conozco, o creo conocer, o haber tenido experiencia alguna, aunque no siempre, también me dejo volar, pero con esas soy más cuidadoso para no lastimar a nadie. Escribo mucho sobre lo social, ponéle, y a veces me paso de ácido, pero ahí voy aprendiendo. No me nacen las canciones “románticas” ni a palo, pero me gusta escuchar alguna que otra.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Que dejen de ser mías.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Empecé hará unos seis años. Y el por qué, supongo que quería dejar de limitarme. Trabajar con otrxs músicos es inmensamente hermoso, pero a veces se complica consensuar y más en lo que no tiene que ver con la composición o interpretación de la música, que es lo que más me importa. Toda la parte de salir, viajar, que flete, que esto, que aquello, que uno no puede, que el otro no quiere… Me cansó y un día dije: se va todo al carajo, agarro mi guitarra, mi voz y mis piernas, nada más.

¿Cómo ves la escena musical?
Me gusta creer que de a poco está cambiando. Me aburren los recitales y presentaciones tradicionales. Creo que hay que salir a la calle a tocar. Tocar en plazas, veredas y si es en bares o teatros, tirarle un onda diferente, qué sé yo. Digamos, hay quienes intervienen y logran una escena fantástica, y resulta hermoso, pero si solo se trata de luces y humo, yo paso, gracias.

¿Con qué músicos de tu entorno te sentís emparentado?
Con los músicos que son genuinxs consigo mismos y sinceros para la gente que los escucha o escuchará. No hago diferencia por estilos, admiro y trato con músicos trovadores y heavys, tangueros y hasta cumbieros, todo me gusta, siempre y cuando sea real. No me caben las bandas o solistas que pelean por “llegar” a ese lugar que no saben dónde queda ni hacia dónde los lleva y terminan prostituyendo y esclavizando las canciones y la música. Eso me pone mal, porque le faltan el respeto a lo que más amo. De esa ambición me alejo y por supuesto, de los músicos que la consumen y la venden.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Soy de la zona oeste del conurbano bonaerense y creo que hay una identidad, pero en la forma de llevar y traer la música, digamos, en los eventos, en el compartir, en la forma de llevar a cabo ese momento en que las canciones se abren al público. Después de la tragedia de Cromañón empezó a costar muchísimo tocar en bares, entonces surgieron nuevos espacios, los armamos, en casas abiertas y lugares públicos, esto creo que trajo a su vez muchos instrumentos nuevos y mucha solidaridad entre los músicos. Comenzaron a desaparecer bandas que sólo tenían guitarra, bajo y batería y surgieron bandas con violines, contrabajos y acordeones, por ejemplo. Esto creo que cambió muchísimo la identidad del circuito musical de esta zona y por supuesto los solitas se multiplicaron.

¿Un disco?
Canto que Grito, de Pablo Merletti.

¿Una canción?
“Cardo”, Fer Díaz.

¿Una frase?
Todo debe pasar por mi sangre, mis huesos, mi respiración, por el corazón de mi sangre, pues yo soy un poeta, no un hacedor de versos bonitos”, Dardo Dorronzoro.

¿Un espacio?
El que piso.

¿Con quién continúa la serie?
Continuamos con Francisco Allende  

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "GRACIAS, HOY ME TOCA VIVIR"

miércoles, 2 de marzo de 2016

#41 - Eso quiero, hacer canciones valientes

Pablo Merletti
Merlo, Buenos Aires. 



¿Qué te acercó a la música?
Comencé a tocar la guitarra viendo a mis hermanos mayores, quienes por aquellos años tenían sus bandas de rock y andaban cantando en los bares de Merlo. Yo los veía y admiraba. Aunque en la actualidad me expreso con la guitarra criolla, podría decir que empecé, como muchos trovadores de mi generación, tocando la eléctrica.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Primero fue la batería, el batero de la banda de mi hermano se había ido y entonces lo reemplacé un tempo. La verdad que no duré mucho con este instrumento, lo sentía limitado en relación a la necesidad que tenía de expresarme con mis letras y melodías.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
No tengo  una metodología al momento de componer una canción, a veces primero la música y luego la letra, y en ocasiones viceversa. Hace un tiempo que me dedico también a musicar poemas de otras personas y me resulta también muy gratificante esa tarea.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Lo que más disfruto es hacer. Como decía el viejo Serrat, hacer canciones. Ese momento es único y aunque a veces falta tiempo en esta vida de posmodernidad, siempre ando buscando encontrarme con esa soledad tan necesaria para hacer una canción.

¿De qué hablan tus canciones?
Mis canciones hablan de muchas cosas. Intento no ser monotemático, aunque pienso que todos los cantautores tocan básicamente un tema alrededor de toda su obra. Mis temas hablan de la realidad, según mi visión, de mi vida y también de la de los demás, que son yo mismo de alguna manera. Hablo de personajes que me sensibilizan, por ejemplo, de historia, del país, del pueblo. Tengo un canto reflexivo y empático, y otro mucho menos profundo, material y pragmático. Me gusta cantarle al amor en sus diversas formas, y también me entusiasma y divierte buscar las contradicciones que todos tenemos y hacer crítica social, renegar de la hipocresía y el egoísmo, que son moneda corriente en nuestras occidentales y cristianas sociedades.

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Me gustaría que mis canciones sean más difundidas para poder llegar a quienes no conozco, y tal vez se sientan bien escuchándome. Es decir, quienes comparten mis gustos musicales, poéticos e ideológicos. Pero tampoco me quita el sueño ese deseo. Comprendo que mi música jamás estará en los grandes escaparates, y es bueno que así sea. Comprendo perfectamente que mi canto es algo así como contrahegemónico y que la industria musical difícilmente ponga sus ambiciosos ojos en una canción cuya estética escapa a los parámetros establecidos por la moda y los dueños de todo: medios de comunicación, productoras musicales, etcétera. Canción que ha sido valiente, siempre será canción nueva, decía Víctor Jara. Eso quiero, hacer canciones valientes. Y seguir cantándolas en la calle, por supuesto.

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
Mi camino solista arrancó allá por el 2003. La banda de rock había cumplido su ciclo cuando empiezo a escuchar y sacar canciones de Yupanqui, Silvio Rodríguez, Zitarrosa, Serrat… Un camino de ida. Con estos referentes me quedé, viviendo su poesía y aprendiendo sobre la vida. Estas gentes son clásicos, porque reflexionan sobre los grandes temas de la humanidad a partir de su poesía profunda y clara: el amor, la lucha, el hombre y su paisaje, el tiempo,  la amistad, la creación.

¿Cómo ves la escena musical?
No conozco algo así como la escena musical. Por lo general canto en la calle, esa escena musical la veo de regular a mal; a los trabajadores callejeros siempre nos complican las devaluaciones, ajustes económicos, etcétera. El que te da la propina o te compra un disco es por lo general un laburante como vos, y no son tiempos buenos para los laburantes.

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
En la zona oeste de Buenos Aires, donde nací, hay mucha historia y existen buenos músicos. Hay los que copian, obviamente, pero hay quienes crean sus poemas y melodías, en cualquier estilo, desde rap hasta folclore.

¿Un disco?
La viuda, José Carbajal "El Sabalero".

¿Una canción?
"Te doy mi voz", de Nico Trigo.

¿Una frase?
"El único trabajo que libera, es el que se ama".

¿Un espacio?
Frida, en San Antonio de Padua.

¿Con quién continúa la serie?
La serie continúa con Nico Trigo →

EL MÚSICO POR SU CANCIÓN: "CANTO QUE GRITO"

miércoles, 16 de diciembre de 2015

¡De Lavallol a Pachuca de Soto!

NoTanSolistas Volumen I · Marzo - diciembre 2015
¡Muchas gracias! Conocimos, disfrutamos, aprendimos.
Pronto regresamos al camino.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

#40 - No pretendo irme sola a ningún lado con mis historias, sin nadie que me acompañe en el camino

Naya Ledesma
Pachuca de Soto, Hidalgo, México.



¿Qué te acercó a la música?
Es curioso cómo una pregunta tan común y simple como esa, sea tan difícil de responder con justicia. Uno se apoya en la memoria, remonta a los recuerdos..., y los recuerdos están siempre teñidos con un tinte emocional. Si te cuento lo primero que me pasa por la mente cuando me hacen esa pregunta, tendría que decir que veo a mi padre sentado en la mesa, trabajando o leyendo, y puedo recordar que escuchaba música clásica, pero a veces también a Zitarrosa, ¿o era Silvio…?
Mi primer acercamiento fue mi familia. Lo que se escuchaba en casa. Ésa sería comúnmente la respuesta a la pregunta, y sería correcta. Pero también recuerdo que por casa pasaron amigos cercanos que eran grandes músicos y de los cuales aprendí la diferencia entre un clarinete y un saxofón, qué era la respiración diafragmática y cómo seguir una clave dos-tres antes de entender la diferencia entre un verbo y el sustantivo. Parece pretencioso decirlo así, pero la realidad es que la música entró en mi vida y en mi cuerpo de una manera mucho más orgánica y natural que, por ejemplo, las matemáticas.
Mi hermano Julián, al quien yo era muy cercana a esa edad, comenzó a aprender a tocar la guitarra de manera autodidacta, y yo fui testigo de ese proceso. Lo veía practicar las canciones. Me sentaba junto a él y lo acompañaba con mi voz. De esa manera me contagié. También yo comencé a tener curiosidad con la guitarra.
También influyó mi padrastro, Lalo Aibar, músico salteño de folclore, con una voz grave, profunda, cautivadora y hermosa. Y tocaba en su guitarra, con maestría, todas esas canciones de folclore argentino que yo había escuchado en los casetes de mis padres. Así que cuando quise aprender los primeros pasos en una guitarra, esos pasos los di gracias a él. Luego di rienda suelta a mi propio gusto y me senté a tocar en la guitarra lo que a mí me pareciera.

¿Cuáles fueron tus primeras incursiones?
Considero que la primera incursión seria en la música se dio gracias a mi otro hermano, Ariel. Él se encontraba en su periodo poético y era muy bueno escribiendo. Un día le pedí que me dejara leer un poema y así lo hizo. Lo leí. Entonces comencé a “sentir” el ritmo del poema. El compás. La cadencia. Tomé la guitarra y toqué unos acordes al azar. Recuerdo que comencé por “re menor”... , luego fui a sol mayor... , de ahí a do mayor y luego “la menor”...  Conforme fui amasando esos acordes mientras leía la letra, una melodía natural se filtró y ¡Taráaaan…! Ya tenía lista la primera estrofa. Se lo canté a mi hermano y le encantó.
Y así fue como pasó. Yo había compuesto música.
Al poco tiempo, inspirada por ese suceso y por lo que escribía mi hermano, me atreví a escribir mi primera canción. Para mi grata sorpresa, la canción fue una especie de “hit” entre los amigos artistas que estaba frecuentando. Conformamos juntos una banda. Y fue así que me decidí por la música. Fue un camino de ida. Nunca más di un paso atrás.

¿Tenés una metodología de composición y trabajo?
Mi metodología varía según la necesidad de la canción. Hay veces que un tema surge por medio de la música, y entonces le vas dando lo que falta pasando por varios filtros e intentos de letra y ritmos. Hay ocasiones que la letra viene primero, entonces debes escuchar lo que te pide su candencia natural para encontrar la música adecuada. Pero sobre todo, llegan esos momentos en que debes parar de componer para que la creación verdadera suceda. No hay que forzar la canción demasiado.
Me di cuenta que los períodos en que no estoy componiendo nada, son las mejores etapas de mi proceso creativo. Soy como un oso que está “invernando”, juntando toda la data, dejando que las canciones que vendrán en el futuro maduren dentro mío. En otras palabras, dejo que mi mente descanse y absorba todo lo que el mundo le está ofreciendo. Trato de no entrar en pánico, claro. Gracias a que aprendí a esperar, mis canciones encuentran nuevos rumbos. 
Pero más allá de la metodología, hay un buen grado de azar en el hecho creativo. A veces uno, simplemente, tuvo suerte. Tengo canciones que compuse en cinco minutos. Una suerte afortunada. Pero estoy especialmente orgullosa de aquellos temas que me han costado cinco años en terminar.

¿Cuál es el momento más placentero del proceso musical?
Encuentro placentero todos los momentos del proceso musical, porque son placeres distintos uno del otro. Uno de esos momentos es cuando nada existe todavía, entonces disfrutas de ser espectador, oyente. Otro momento es cuando dejo salir la música sola y la dejo ser. Muchas de mis melodías comenzaron como una improvisación, mientras hacía otra cosa (cocinaba, barría, viajaba en el colectivo o acunando a mi hija). Dejar al instinto que hable sin tapujos es un proceso placentero y relajante. Otro momento de placer es cuando logras dar con las palabras precisas, con una frase que lo vale todo. Algunas de las composiciones que tengo tienen alguna frase o palabra, una estrofa que me encanta y casi te podría decir que tan sólo por esos fragmentos canto la canción, para llegar hasta ahí. Algo similar pasa con fragmentos musicales. Uno de los poemas de Alfonsina Storni que musicalicé tiene un intermedio musical que me hace muy feliz. Es dulce y emotivo. Otro momento es cuando la canción está lista y se la quieres mostrar a todo el mundo. Siempre se siente como si acabaras de componer la mejor canción de la historia. Es un momento de euforia pero también es un momento de gran vulnerabilidad. Y por último..., el proceso creativo nunca termina. Si todos los compositores cancionistas son como yo, nunca cantan la canción exactamente igual. Incluso cuando estoy interpretando el mismo repertorio una y otra vez, hay siempre un espacio disponible para lo impredecible. Ese lugar le pertenece a la creación. Lo espontaneo, la improvisación o una leve variación. Es aburrido para ti y para el público si la canción la interpretas como si fueras un disco. De hacerlo así, se iría el encanto. Cada vez que canto mis canciones, quiero sentirlas como si fuera la primera vez que las canto y como si fuera la última vez que las voy a poder cantar. Cuando me entrego así, de esa manera, entonces el momento creativo de la composición es evidente para mí y para el que está escuchando.

¿De qué hablan tus canciones?
Las canciones hablan de lo que sea que hablo yo cuando no estoy cantando. Quiero decir que canto sobre lo que conozco. Mis sentimientos, mis opiniones, mis tristezas... Todo lo que me escucharías decir en una charla con mates de por medio..., sólo que con música y dicho con una poesía más trabajada. Puedo hablar en una canción sobre una pareja que se ama y hace el amor, puedo hablar acerca de lo que significa formar parte de dos culturas, sobre la migración, o puedo hablar del mundo en el que vivimos, mi postura política, mi visión, la verdad y la mentira, las cosas que me conmueven y las que me dan bronca. Considero que nunca desvié la mirada cuando se cometía una injusticia. Todas esas cosas que pasan frente a mí y a través de mí son la temática de mis canciones. Nunca busqué hacer una canción rítmica por el simple hecho de querer hacer bailar a la audiencia. No pretendo ser escuchada en los bares o en el boliche. Pretendo que se escuchen las palabras y se entienda lo que digo. No me sale barato escribir lo que quiero. Me cuesta amor, dolor, nostalgia, alegría, soledad. Yo me doy completa en las canciones, por lo tanto, cuando escuchas las letras, me escuchas a mí hablándote con honestidad. 

¿Qué esperás que pase con tus canciones?
Lo que espero con mis canciones es, primero que nada, que las personas que me escuchan disfruten de esa comunicación. Que sientan que son parte de ese evento musical tanto como yo. Que la música los mueva como me mueve a mí. No necesariamente de la misma manera, ni con la misma intensidad, tampoco por las mismas razones. Existen mil motivos por los cuales una palabra o una melodía nos hacen sentir algo especial. Un momento muy poderoso es cuando la canción finaliza, y entonces la reacción de la gente se hace evidente. Uno percibe cuando la canción impactó, emocionó o simplemente gustó. Yo suelo percibirlo cuando salgo de mi trance, porque muchas veces entro en un trance que me deja todavía mareada cuando la canción terminó. Me toma un segundo, entonces respiro profundo y con alivio. En definitiva, cantar es para mí un evento de mucha entrega. Y lo que espero es que esa entrega haya encontrado recepción en el oyente. No pretendo irme sola a ningún lado con mis historias, sin nadie que me acompañe en el camino.  

¿Cuándo empezaste tu camino solista y por qué?
No es una historia bonita. Cuando comencé con la composición, comencé a asociarme con amigos artistas como yo para armar grupos o bandas. Estuve en dos grupos amateurs antes de asociarme con el que en ese momento era mi pareja. Formamos un dúo. Grabamos un disco. Pero a la pareja no le fue nada bien. De hecho, fue una historia de violencia doméstica, sobre todo psicológica. Y ese abuso se extendió hacia lo profesional. Duró dos años, antes de que literalmente tomase mi guitarra y me fuera a escondidas por la madrugada para no volver más. A partir de ese momento, me comprometí a hacer lo que yo quisiera profesionalmente, mi estilo de música y mis letras, sin que nadie me sonsaque o me obligue a hacer algo que no me convence. Pasó mucho tiempo antes de que me volviera a asociar con alguien así. Hoy soy una trovadora solista, pero también formo parte de un cuarteto vocal llamado La Papa Cantora y un dúo MartiNayando, junto al compositor argentino Martiniano Tanoni. He compuesto música para teatro y he formado parte de dos coros. Volví a confiar, pero defiendo mi libertad y autonomía. Si me equivoco, que sea sólo por mi culpa.

¿Cómo ves la escena musical?
Hay mucho talento, por supuesto. Muchos amigos músicos que aún están en el anonimato merecerían estar en los espacios de mayor difusión y alcance al público. El problema es que está todo compaginado con la demanda comercial; las modas, el cine, incluso la economía influyen. Cosquín no es ahora lo que antes era. Entonces ¡¿qué pueden hacer los jóvenes que hacen folclore de la actualidad si no pueden confiar en la calidad de los espacios masivos hoy en día?! Y si no es ahí, ¿a dónde ir?
Lo más difícil de la escena musical es la difusión del material, y cómo cuesta que eso sobresalga sin tener que recurrir a las grandes compañías disqueras. La realidad es que el músico de ahora sólo vende efectivamente sus discos al final de sus presentaciones. Su entrada monetaria depende de eso y de las entradas o el aporte para el artista. Esto muestra que existe un desbalance entre lo que se produce cada día y lo que se logra vender. Por lo tanto, el material musical independiente está en peligro de extinción. Es probable que, a este paso, volvamos a la época de los juglares, cuando la ganancia sólo venía de las presentaciones o de un mecenas. Díganme ustedes, ¿exagero…?

¿Con que músicos de tu entorno te sentís emparentada? 
Naara Andariega es una compositora chilena HERMANA (así, con letras mayúsculas), cuya obra admiro profundamente. Paola Gamberale, quién fue mi profesora de canto en la EMPA, tiene un “feeling” en su música muy especial. Mis compadres del alma, Alejo García (Colombia) y Martiniano Tanoni (Argentina), dos amigos músicos de excelencia, que me acompañaron en momentos mágicos de mi vida y continúan haciéndolo. Francisco Barrios “El Mastuerzo”, un compa mexicano que me enseñó la importancia de ser uno mismo, auténtico. Él tiene una fuerza electrizante en el escenario  que traspasa los sentidos, mientras rompe con los prejuicios y la estupidez. También con mis compañeras de La Papa Cantora siento mucha afinidad en lo musical. Nos podemos “leer” cuando cantamos juntas, eso se nota mucho cuando improvisamos, estamos en sintonía una con la otra y sabemos divertirnos mientras tanto. Y, por supuesto, todas las maravillosas mujeres trovadoras que he tenido el honor de conocer estos dos últimos años: Amaranta Pérez (Venezuela), Silvia Zabzuk, Mijal Guinguis, Daniela Trovati y Daniela Tomé, Carla Giannini y Cecilia Concha Laborde (Chile), Pilmaikén Mlikota, Dafne Usorach, Paula Ferré, Alejandra Rabinovich y muchas muchas otras compañeras del colectivo MUJERTROVA. 

¿Encontrás alguna identidad musical propia de tu zona o circuito?
Creo que “identidad” es la palabra clave. Hay grupos y solistas que se están abriendo camino, haciendo caso a su propia identidad musical. Uno puede darse cuenta que en una sola zona o en un circuito de amigos hay más variedad que antes, y los géneros se entremezclan. Ya no se espera que se encasille a la música en “folclore o tango o jazz o rock o bossa”. Los músicos tomamos los ritmos del mundo y jugamos cómo se debe jugar: JUNTOS. Porque en la música, todo es posible. Está bien que te apegues a un sólo género si eso te hace feliz. Pero está genial si quieres probar un collage sonoro. Todos los géneros merecen recibir su homenaje.

¿Un disco?
Americanito, de Alejo García. Un hermoso paisaje musical latinoamericano. Primer disco de una trilogía (según mis fuentes cercanas, jeje).

¿Una canción?
Lo siento. No puedo. Debo, al menos, hacer mención de dos: “La conquista del pan”, de Naara Andariega, y “La Avanzadora”, de Amaranta Pérez.

¿Una frase?
La distancia no debilita al amor. Lo fortalece”, frase que mi padre me escribió en una carta y que luego yo adopté como mantra. La incluí en una canción mía titulada “De cálido a frío”, donde relato mi vivencia cómo la migrante que soy.

¿Un espacio?
¿Un espacio para el artista? Las calles, los centros culturales, las escuelas. Dónde esté el pueblo. ¿Un espacio para mí? He comprobado que los brazos de la gente que amo son el mejor espacio para habitar.

¿Con quién continúa la serie?
Con Pablo Merletti (un trovador que descubrí en San Telmo y cuya obra independiente, “Canto que grito”, es la prueba de que un disco autogestionado puede tener más calidad y valor cultural que un disco hecho por Magoya) → 

LA MÚSICA POR SU CANCIÓN: "SIN ARMAS"